martes, 23 de marzo de 2010

Cuida bien al niño...

La primera y única escuela Waldorf de Montevideo



Los eucaliptus del Parque Rivera desprenden su olor en el aire del barrio. Cruzando la avenida Bolivia un cartel con la inscripción “Escuela Cruz del Sur”, da la bienvenida a la única institución educativa del país que aplica la pedagogía Waldorf.
Se trata del método educativo que propone la Antroposofía, una invención del científico austriaco Rudolf Steiner que se aplica a distintas áreas de la vida y se define como “una ciencia espiritual que aspira a conocer al hombre desde su ser más intimo, concibiéndolo como una totalidad que incluye cuerpo, alma y espíritu”, dice Zoraida Baliño, maestra de jardín de infantes de Cruz del Sur. “El desafío de los maestros y terapeutas Waldorf es poder ver qué es lo que cada niño necesita, más que ver pedagógicamente qué tenemos para darle desde un programa de educación preestablecido, lo importante es adaptar los contenidos a las necesidades y potencialidades de cada alumno”, agrega.
En la entrada, un gran terreno arbolado funciona como patio de un edificio que poco tiene que ver con el de una escuela convencional. El viento mueve las cortinas de un aula con las puertas y las ventanas abiertas, desde adentro llega el sonido de una flauta que se detiene para darle paso a un breve relato y luego continuar, todo con un suave volumen que deja oír el canto de los pájaros.
Para la educación Waldorf el espacio educativo es sagrado, razón por la cuál
–entre otras medidas- se evita el acceso al aula de cualquier factor ajeno a ese contexto, explica Waltraut Maria Klöckner, docente de música y alemán a la que todos llaman Wally. La silenciosa atmósfera que se percibe hace que no sea necesario entrar a la clase para adivinar un estado de atención, concentración y disfrute de los alumnos que cualquier maestro convencional envidiaría.
Camino a la sala de jardín de infantes, un tilo y un roble sombrean una mesa con bancos. Más allá la huerta, otro gran espacio donde conviven matas de flores, una llamativa comunidad de mariposas, plantas de maíz, tomates, lechugas, acelgas, zanahorias, remolachas y aromáticas. Todo sembrado, cuidado, cosechado y consumido por alumnos y maestros.
El área de jardín de infantes está vacía (las clases comienzan esta semana) por lo que es posible acceder al salón, no sin antes descalzarse. Como en Finlandia, pero en Uruguay, antes de entrar al aula los niños se quitan o reemplazan el calzado convencional por otro más cómodo. A esta coincidencia de la pedagogía Walforf con el sistema educativo finlandés, se suman otras como el respeto de las necesidades y potencialidades del niño ante cualquier otro factor educativo, la ausencia de evaluación, competencia y comparación, entre otras. “Finlandia es un país de 5 millones de habitantes del extremo septentrional de Europa que parece haber alcanzado el nirvana de la educación. En los exámenes del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), los finlandeses siempre quedan primeros o segundos en cualquier categoría y en el informe de UNICEF de 2007, los niños finlandeses aparecían como los terceros más felices entre los países desarrollados”, sostiene Carl Honoré en “Bajo Presión” (Del Nuevo Extremo 2008), su libro sobre la educación de los niños en un mundo hiperexigente.


Para la metodología Waldorf, el jardín de infantes surge como una solución de emergencia, sustitutiva de lo que se considera como ideal pero cada vez más ausente: la permanencia del niño en edad preescolar (hasta los 7 años) en un contexto familiar, de juego, contacto con la naturaleza y quehaceres del hogar. Cuando eso está acotado o ausente, el jardín de infantes se plantea el objetivo de lograr un ambiente lo más similar posible.
En el caso de la escuela Cruz del Sur, se trata de un salón de unos 50 m2 con piso de madera, en el que un grupo de pequeñas mesas y sillas ocupa apenas un rincón. Dos alacenas antiguas guardan una variedad indescriptible de materiales y objetos. Muy cerca del ventanal que da la huerta, dos cunitas de madera con muñecas de tela, pelo de lana peinada, sabanitas de seda o colchitas tejidas a mano conforman un mágico rincón.
Todas las características del ambiente encuentran en la pedagogía Waldorf su correspondiente razón de ser. Un espacio suficientemente amplio y despejado como para propiciar los principales mecanismos de aprendizaje de la primera infancia: la imitación (considerada como la capacidad de asimilar e identificarse con el entorno mediante la voluntad activa) y el juego creativo. Juguetes y elementos de aprendizaje confeccionados con materiales naturales para estimular los sentidos, considerados la herramienta con la que los niños absorben el mundo. El combo vendría a asegurar lo que se considera el principal objetivo de estos primeros años: el desarrollo del organismo físico. “Desviar la energía de esta tarea fundamental para atender exigencias intelectuales prematuras, le roba al niño salud y vitalidad, debilita las mismas capacidades de juicio e inteligencia práctica que se quieren fomentar”, señala el sitio oficial de la escuela (waldorfmontevideo.org).
En el período de primaria el objetivo es desarrollar la “inteligencia del sentir”. El lenguaje de la imaginación adquiere un rol protagónico, por lo que antiguas leyendas, mitos o cuentos de hadas constituyen una fuente inagotable de recursos pedagógicos. Sólo después de la pubertad, el aprendizaje emerge como capacidad racional y de abstracción intelectual.
La enseñanza Waldorf intenta estimular la experiencia del ser como parte de un todo, acompasándola a los ritmos de la naturaleza. En ese sentido, se trabaja por épocas de entre 4 y 6 semanas en las que el niño se concentra en una materia. “Para nosotros es muy importante el proceso que se da entre despertar y el dormir, el recordar y el olvidar. Cuando la época de matemáticas se va a dormir para darle lugar a la de lenguaje, luego a la de historia, a la de geografía, y así hasta que el círculo finaliza y vuelve a empezar, la evolución con la que los niños retoman las materias después de ese período de decantación es realmente sorprendente”, asegura Zoraida. Si bien hay 4 bloques de épocas por año, la administración de los tiempos puede ser manejada con absoluta libertad por los docentes. El programa es comparable a un espiral ascendente en el que los niños se conectan, se desconectan y se vuelven a conectar con una misma materia, en distintos períodos de su evolución. A las dos horas de la clase principal, se suman las materias especiales como idioma (inglés y alemán), pintura, música y movimiento, gimnasia, manualidades, huerta, etc. El arte no está relegado a las materias específicas sino que forma parte de la enseñanza de todas las materias. El docente encara y transmite lo que enseña de una manera creativa y artística.
Para lograr el conocimiento profundo de las necesidades y potencialidades de cada niño por parte de su maestro, estos acompañan a un mismo grupo a lo largo de todo el período de primaria. Por la misma razón, los alumnos no repiten el año “para nosotros es muy importante que conserve sus compañeros y su maestro, y si un niño queda flojo en algo, el docente lo tendrá en cuenta y lo reforzará en el próximo año”, explica Baliño.


Tras un serpenteante camino académico que pasó por estudios de Matemática, Física, Química y Filosofía, el creador de la pedagogía Waldorf Rudolf Steiner participó en el ámbito social y político de Viena, se acercó a círculos literarios en los que publicó revistas, y trabajó en la edición del trabajo del escritor y científico alemán Johann Wolfgang von Goethe.
Cuenta la historia que en 1919, cuando Europa sobrevivía a la Primera Guerra Mundial, Steiner visitó la fábrica de cigarrillos Waldorf-Astoria, en Stuttgart, Alemania, donde habló con los obreros sobre la necesidad de una transformación social a través de la educación. El entusiasmo manifestado por los trabajadores propició que el director de la fábrica convocara a Steiner para la creación de una escuela y así nació la primera institución bautizada con el nombre de la fábrica.
Estimuladas por la evolución y la innovación de aquella primera experiencia, nuevas escuelas Waldorf fueron surgiendo primero en Alemania y luego en Europa, para terminar instalándose en todo el mundo, donde actualmente es la mayor comunidad educativa privada, con más de 1000 escuelas en más de 60 países, según el sitio steinerwaldorf.org.
En Uruguay, el primer antecedente de la institución surgió en 1968. “La Flor Azul” fue un emprendimiento de Helga y Rudy Grams y funcionó en una cabaña ubicada en el mismo barrio, a 10 cuadras de “Cruz del Sur”.
En 1973, con el aval de la Dirección Nacional de Educación, al jardín de infantes se sumó la escuela primaria y la institución se mudó a la ubicación actual rebautizada como “Colegio Novalis”, nombre con el que se la conoció hasta hace dos años se renovó el plantel de educadores y la asociación civil sin fines de lucro recibió su nombre actual. Con más de tres décadas de historia, continúa siendo la única del país en aplicar esta pedagogía y actualmente cuenta con 25 alumnos en total, entre jardín de infantes y primaria.
Eliana Escobar Luján (37) es una colombiana radicada en Uruguay, Licenciada en Ciencias de la Comunicación y madre de un alumno de la escuela. Consultada sobre las fortalezas y las debilidades que encuentra en el método a partir de su experiencia, señaló que “la mayor virtud es el respeto por el niño y su desarrollo natural. A la pedagogía no le veo un punto débil, en todo caso la debilidad radica en el poco conocimiento que existe en la sociedad sobre el alma infantil y sobre las etapas de desarrollo del niño y eso hace que algunas de las particularidades de estas escuelas no sean del gusto de una fracción de nuestra sociedad con un perfil altamente academicista y competitivo”.
Si bien los alumnos Waldorf acceden a la totalidad de los contenidos del Programa de Educación Primaria, las diferencias radican en el cómo y el cuándo los abordan. En ese sentido, las críticas que el método recibe, señalan un defasaje entre una educación tan libre en un mundo cada vez más opresor, la ausencia de evaluación y puntaje en tiempos cada vez más exigentes y competitivos, el uso de materiales naturales en la era del plástico, el contacto con la naturaleza frente a la proliferación de las pantallas, o el respeto de los ritmos naturales y la búsqueda profunda del ser, en un mundo donde todo es cada vez más rápido y efímero. “Una forma de evitar una transición dificultosa es continuar en el sistema alternativo, otra (la que yo prefiero) es introducir algunas ideas del sistema alternativo en el convencional, que creo que es lo que está sucediendo si contemplamos las actuales reformas de Japón, Gran Bretaña y Norte América”, sostuvo al respecto el escritor Karl Honoré.
Numerosos estudios han demostrado que el exceso de exámenes, trabajo y competencia son contraproducentes para un buen aprendizaje, como también lo son el uso forzado de la memoria o una temprana inducción a la racionalización de los contenidos. La seguridad y el afecto son vivencias que se consideran imprescindibles para la efectividad de la educación, como la presencia de límites y la habilitación para arriesgarse y equivocarse. El contacto con la naturaleza y los buenos hábitos alimenticios también demostraron tener efectos para una óptima asimilación de los contenidos.
A la hora de crecer, la importancia de la individualidad de cada alumno se ha convertido en algo tan importante como su capacidad de sociabilizar.
La pedagogía Waldorf está inscripta en estos parámetros y, como la mayoría de los padres, maestros y ex alumnos vinculados a esta pedagogía, Eliana asegura que estos niños “salen emocionalmente mejor equipados para tener una integración armoniosa en la sociedad, descubrir y cultivar su verdadera vocación y lograr que se transforme en un medio de vida. La pedagogía Waldorf los ayuda a mantener un saludable equilibrio interno, algo que en nuestras sociedades se ha perdido un poco”.





*La escuela Cruz del Sur queda en Bolivia 2122 y su teléfono es 600-8323.

-Nota publicada en la diaria del 16 de marzo de 2010

2 comentarios:

adolfo dijo...

Que ganas de volver a la escuela

Anónimo dijo...

Doy gracias por la existencia de un jardin y escuela Waldorf en Uruguay!!! Una aclaración, el nombre del colegio es "Colegio Waldorf Rudolf Steiner" el nombre Cruz del Sur es la forma legal, es el nombre de la asociacion civil sin fines de lucro. Ver: http://www.colegiowaldorf.edu.uy