
"La gente tiene miedo de sentir que sirve para algo"
Carlos Regazzoni

“Let’s not talk about machines/Skin and heat is more my style/…/ I’m a low-tech lady in a high-tech World (No quiero hablar de máquinas/ la piel y el calor son más mi estilo/…/soy una dama low-tech/en un mundo high-tech).” La que canta es Ana Laan en una de sus canciones preferidas de “Chocolates & Roses”, su flamante segundo disco solista.
Las herramientas electrónicas son vitales en sus canciones y hace algunos años atrás, sin internet y sin la posibilidad de grabar en el hogar, una artista independiente como ella no hubiera visto la luz; sin embargo la tecnología no le quita el sueño a Ana Laan. “Le dedico el tiempo estrictamente necesario, soy más de dormir bajo las estrellas en la montaña o pasarme tres días navegando con lo básico, me emociona más un paseo por el bosque que comprarme un GPS”, dice esta acuariana que gusta de las canciones que hablan de sensualidad o de sexo de manera sutil y ocurrente, como Venus As A Boy (Björk) o Baby, It´s Cold Outside (Frank Loesser) . “El sexo está tan banalizado y explícito que nos desconectamos de nuestros cuerpos, en Low-tech Lady quise hablar de mi necesidad de intimidad con humor, pero lo que digo es muy serio: despojémonos de tanta tecnología y seamos humanos un rato”, revela.
Esa mezcla de intimidad y soltura endulza hasta lo ácido y sobrevuela el disco desde la portada, que la muestra en un ambiente cálido y romántico, sentada en un mullido sillón rosa, con una boa de plumas como única prenda, sonriendo.
Si bien la receta musical de Laan sigue teniendo a la canción como su principal ingrediente, con dosis de pop y folk alternativo, cierta atmósfera lounge, un poco de jazz, de bossa, y la superposición de armonías vocales; no son pocas las novedades que su segundo trabajo plantea.
Si “Orégano” (2004) reflejaba cierto enfado ante las exigencias que experimenta el sexo femenino a la hora de ser madres, mujeres, esposas, amas de casa y profesionales; Chocolates & Roses (2007) empieza con la palabra “yes” (sí) y termina con la palabra “happines” (felicidad), “una declaración de intenciones”, dice su autora y agrega: “a este disco pude dedicarle más tiempo, no tenía que preocuparme por cuestiones domésticas o relacionadas a la crianza de mi hijo”.
Otra novedad es que la mayoría de las letras ya no son en español sino en inglés, con un poco de francés y sueco. Algo bastante lógico, tratándose de una española que creció en Suecia, hija de padre español y madre holandesa criada entre Indonesia y EEUU. “Fui a un colegio judío en Estocolmo, estudié en Inglaterra y en España, los idiomas forman parte de mi realidad cotidiana, me resulta natural saltar de uno a otro, no es un acto deliberado, así que en este disco decidí dejarme de complejos y escribir como me saliera”.
La fórmula expande el aire europeo de sus interpretaciones (aún cuando se trata de géneros latinos) y arroja un spanglish espontáneo y perspicaz. “No more tasting my comida/Todo eso se acabó/Find another sufrida/Find yourself otro amor”, en Me echarás de menos, o “Please excuse me if I say/lo que te cuesta entender/por eso me extiendo en inglés:/ I am not your ex/ No, I’m not your ex”, en Ex; son algunos ejemplos.
Si bien la fórmula de producción de Chocolates & Roses fue la misma que en Orégano (Ana Laan y Leo Sidran) cabe destacar el trabajo del músico, sonidista y productor argentino Matías Cella, encargado de dos de las canciones más bellas del disco: Pablo´s Song y Happiness Is A Long Discipline. “Ese rioplatense vale por diez, tengo muchas ganas de seguir trabajando con él”, anuncia.
Desde su “base de operaciones” en San Lorenzo del Escorial, Laan se expresa con alegría sobre la regularidad de sus toques y la posibilidad -después de muchos años- de empezar a vivir de la música que Chocolates & Roses generó. “Ya no tengo la inseguridad del primer disco, la voz no está tan cohibida o preocupada por la perfección, estoy mucho más suelta, sin miedo, jugando e interpretando más, con más humor”, dice la autora de un disco profesional, fresco y de agradable compañía.
*Chocolates & Roses se editó en diciembre de 2007 en EEUU, en marzo de 2008 en España, se espera su edición en Japón, Corea del Sur y en Argentina, para la primavera de este año. Está disponible en i Tunes.
*Publicado en la revista Bla de agosto de 2008.




Origen: Atlanta (USA), 1972
Imperdibles: la viscerales baladas “Good woman” de “You are free” y “Where is my love” de “The Greatest”. También es prometedor “Speaking for Trees”, un DVD en el que canta durante cien minutos en medio de un claro de un bosque acompañada sólo de una guitarra. Es autora de una de las mejores versiones de la banda de sonido de “I’m not there”, el documental sobre Bob Dylan en el que interpreta "Stuck inside of mobile with the Memphis blues again”.
Curiosidad: el movimiento de sus manos cuando habla y cuando canta. Vive de la música y sufre de pánico escénico.
Sello propio: la sobreviviente fragilidad de su voz.
No fue fácil la vida de Cat Power (34) y hacer música ha sido una especie de cable a tierra, por eso su voz parece quebrarse en la próxima estrofa de canciones en las que promete ser buena, siendo mala.
Chan Marshall es su verdadero nombre, dicen que es bisexual e hizo pública su adicción al alcohol y a las drogas, a la vez que le puso la cara a la nueva campaña de Joyas de Chanel.
Nació en Atlanta, Georgia, al sur de Norteamérica, hija de padres divorciados, dejó el colegio a los 16 y a los 20, escapando de la heroína y de la quietud que todas las cosas parecían tener en el Sur, llegó a Nueva York. Un día un amigo le regaló una guitarra y nunca mas dejó de hacer canciones, así grabó sus dos primeros discos, “Dear Sir” (1995) y Myra Lee (1996), ambos de peculiar oscuridad.
El siguiente fue el recocido “What Would the Community Think” (1996) y luego el elogiadísimo “Moon Pix” (1998), algo así como el registro de las profundidades más profundas de Cat, que volvió a escapar, esta vez desde Nueva York rumbo a una granja en Carolina del Norte. Allí vivió sola en una casa vieja, y una noche sin sonidos ni luces, rodeada de grillos y oscuridad, se enfrentó a sus más íntimos demonios y parió este disco. “Si estás en un mal estado mental, a veces ves cosas que no están ahí y enloquecés, entonces encendí todas las luces y me quedé despierta, no podía dormir y empecé a tocar estas canciones”, confesó Cat.
Luego llegó “The Covers Record” (2000), una colección de versiones de Bob Dylan, The Velvet Underground y The Rolling Stones, entre otros. Tras cinco años sin grabar canciones propias, volvió con “You are free” (2003), un verdadero mojón en su carrera, que señala la búsqueda de cierto bienestar, algo así como su disco más luminoso.
Con el lanzamiento de “The Greatest” (2006), The New York Times publicó una entrevista donde Chan develó sin tapujos sus zonas más oscuras. Confesó que sus problemas de alcoholismo empezaron desde que era muy joven, ¿bromea? con que su madre le daba alcohol en la mamadera y dice que dos semanas antes de la edición del disco, una amiga la llevó a una clínica de rehabilitación, donde estuvo una semana y recibió fuertes dosis de litio.
Desde entonces, no más shows interrumpidos por ataques de pánico, no más llantos en vivo, no más letras olvidadas, no más papelones públicos, no más mañanas de whisky y noches de ansiolíticos, no más Miles Davis las 24 hs.
Todo eso parece haber quedado atrás, “The Greatest” es una obra madura en la que se filtró felizmente el sonido de Memphis, ciudad elegida por Cat para grabar un disco en el que se rodeó de veteranos músicos de soul. Cat está de vuelta, sobria y feliz de lograr 7 tragos en 7 meses, dueña de unas canciones que, por suerte, no dejan de ser un poco tristes.
KEREN ANN
MELANCÓLICA CALMA
Darín director en La señal
Quizá el mayor mérito de Darín como director de La señal sea haber gestado una película de género, cine negro made in Argentina. Una evocadora historia ambientada en 1952, en plena convalecencia de Eva Perón, época reconstruida notablemente, con herramientas como una fotografía penumbrosa, un tratamiento de descromatización de la imagen que atenúa los colores hasta que rozan el sepia y una banda de sonido a medias entre el tango y el jazz.
Corvalán (Ricardo Darín) es un detective cuarentón de medio pelo, un poco anarquista, soltero pero en vueltas con Perla (Andrea Pietra), la profesora de piano del barrio; socio y amigo de Santana (Diego Peretti). No parece haber mucho más en la vida de Corvalán, su padre internado en un geriátrico, su perro Lobo (con quien vive), el hipódromo y el billar. Una vida monótona, hasta la llegada de Gloria.
*Publicado en revista BLa 007/Noviembre.