miércoles, 20 de agosto de 2008

PEDRO GUERRA




"VIDAS" EN MONTEVIDEO

Qué lindo es un jueves de invierno, envalentonarse, abrigarse y salir con música en los oídos (Dream of the return, Pat Metheny y el inexplicable encanto de los temas que pasan en la radio), la nariz fría y un show como destino.
La fachada de San José y Zelmar Michelini puede pasar desapercibida pero una vez adentro, el Teatro Metro es un lugar de una belleza irrebatible. La vejez se percibe en sus colores, en ese satinado que tienen las cosas cuando se llevan bien con el paso del tiempo. Por momentos parece una vieja casa de muñecas.
En ese contexto Pedro Guerra, tan profundo y conmovedor. Ya había olvidado yo aquellas canciones, con letras tan de uno como “que sepas que no es fácil respirar, el aire en que no estás” y melodías tan cantables como “y cuando todo se acabe y se hagan polvo las hadas, no habré sabido por qué, me he vuelto loco por nada”.
Nunca hubiese imaginado que Guerra fuera admirador de Tom Waits. En uno de los raptos de verborragia que le da entre tema y tema, se confiesa tan devoto Waits que lo cita. “Es muy ingenioso, una vez le preguntaron si le tenía miedo a algo y dijo que sí, que temía caminar por Nueva York y caer por una alcantarilla a un show de una banda de jazz que toca Garota de Ipanema.” Aunque no entiende mucho, la gente se ríe tímidamente y él sigue. “También le preguntaron si hacer canciones era como tener hijos y dijo que no, que hacer canciones era mucho más fácil, y aprovechó para agregar que el oficio del cantautor era similar al del pescador de caña y yo me quedé pensando en eso cuando escribí esta canción”. La gente vuelve a reír, plataforma ideal para los primeros acordes de “El pescador”.
Llamativamente despojado, musicalmente pobre (quizás porque a esta altura ya dan ganas de que venga con banda), interferido por los restos de una gripe y con cierta resistencia a la modernidad, transcurre un show muy conmovedor.
Es lo que tiene Pedro Guerra, no queda bien escucharlo, no se adorna, no está de moda ni es cool. Solito con su guitarra, sin luces, ni banda, ni nada que se le parezca, sigue cantando lo que nos pasa.

*Bonus track 1. El pase que hizo en el 2º bis, de “Otra forma de sentir” (“una especie de candombe”) a El tunguele.

*Bonus track 2. El teloneo de Carmen Pi, que arrancó un poco down pero terminó arriba, con una versión a puro sampler de “Por ejemplo” (Fernando Cabrera) que la gente aplaudió muchísimo, y un tema en francés muy Camille. Atentos.

viernes, 15 de agosto de 2008

ANA LAAN

LOW-TECH LADY





“Let’s not talk about machines/Skin and heat is more my style/…/ I’m a low-tech lady in a high-tech World (No quiero hablar de máquinas/ la piel y el calor son más mi estilo/…/soy una dama low-tech/en un mundo high-tech).” La que canta es Ana Laan en una de sus canciones preferidas de “Chocolates & Roses”, su flamante segundo disco solista.
Las herramientas electrónicas son vitales en sus canciones y hace algunos años atrás, sin internet y sin la posibilidad de grabar en el hogar, una artista independiente como ella no hubiera visto la luz; sin embargo la tecnología no le quita el sueño a Ana Laan. “Le dedico el tiempo estrictamente necesario, soy más de dormir bajo las estrellas en la montaña o pasarme tres días navegando con lo básico, me emociona más un paseo por el bosque que comprarme un GPS”, dice esta acuariana que gusta de las canciones que hablan de sensualidad o de sexo de manera sutil y ocurrente, como Venus As A Boy (Björk) o Baby, It´s Cold Outside (Frank Loesser) . “El sexo está tan banalizado y explícito que nos desconectamos de nuestros cuerpos, en Low-tech Lady quise hablar de mi necesidad de intimidad con humor, pero lo que digo es muy serio: despojémonos de tanta tecnología y seamos humanos un rato”, revela.
Esa mezcla de intimidad y soltura endulza hasta lo ácido y sobrevuela el disco desde la portada, que la muestra en un ambiente cálido y romántico, sentada en un mullido sillón rosa, con una boa de plumas como única prenda, sonriendo.
Si bien la receta musical de Laan sigue teniendo a la canción como su principal ingrediente, con dosis de pop y folk alternativo, cierta atmósfera lounge, un poco de jazz, de bossa, y la superposición de armonías vocales; no son pocas las novedades que su segundo trabajo plantea.
Si “Orégano” (2004) reflejaba cierto enfado ante las exigencias que experimenta el sexo femenino a la hora de ser madres, mujeres, esposas, amas de casa y profesionales; Chocolates & Roses (2007) empieza con la palabra “yes” (sí) y termina con la palabra “happines” (felicidad), “una declaración de intenciones”, dice su autora y agrega: “a este disco pude dedicarle más tiempo, no tenía que preocuparme por cuestiones domésticas o relacionadas a la crianza de mi hijo”.
Otra novedad es que la mayoría de las letras ya no son en español sino en inglés, con un poco de francés y sueco. Algo bastante lógico, tratándose de una española que creció en Suecia, hija de padre español y madre holandesa criada entre Indonesia y EEUU. “Fui a un colegio judío en Estocolmo, estudié en Inglaterra y en España, los idiomas forman parte de mi realidad cotidiana, me resulta natural saltar de uno a otro, no es un acto deliberado, así que en este disco decidí dejarme de complejos y escribir como me saliera”.
La fórmula expande el aire europeo de sus interpretaciones (aún cuando se trata de géneros latinos) y arroja un spanglish espontáneo y perspicaz. “No more tasting my comida/Todo eso se acabó/Find another sufrida/Find yourself otro amor”, en Me echarás de menos, o “Please excuse me if I say/lo que te cuesta entender/por eso me extiendo en inglés:/ I am not your ex/ No, I’m not your ex”, en Ex; son algunos ejemplos.
Si bien la fórmula de producción de Chocolates & Roses fue la misma que en Orégano (Ana Laan y Leo Sidran) cabe destacar el trabajo del músico, sonidista y productor argentino Matías Cella, encargado de dos de las canciones más bellas del disco: Pablo´s Song y Happiness Is A Long Discipline. “Ese rioplatense vale por diez, tengo muchas ganas de seguir trabajando con él”, anuncia.
Desde su “base de operaciones” en San Lorenzo del Escorial, Laan se expresa con alegría sobre la regularidad de sus toques y la posibilidad -después de muchos años- de empezar a vivir de la música que Chocolates & Roses generó. “Ya no tengo la inseguridad del primer disco, la voz no está tan cohibida o preocupada por la perfección, estoy mucho más suelta, sin miedo, jugando e interpretando más, con más humor”, dice la autora de un disco profesional, fresco y de agradable compañía.

*Chocolates & Roses se editó en diciembre de 2007 en EEUU, en marzo de 2008 en España, se espera su edición en Japón, Corea del Sur y en Argentina, para la primavera de este año. Está disponible en i Tunes.

*Publicado en la revista Bla de agosto de 2008.


miércoles, 30 de julio de 2008

EDÚ PITUFO LOMBARDO


EL FUTURO DEL MURGUISTA






Era un niño cuando empezó a salir en la murga del barrio y fue aquel pibe de la sub-20 de Falta y Resto que inspiró a Jaime Roos para escribir Los Futuros Murguistas. Como director musical y escénico le imprimió un sello inconfundible al carnaval y como percusionista acompañó a músicos como Fernando Cabrera, Jorge Drexler y Jaime Roos. Como si todo esto fuera poco, a fines del año pasado sacó su primer disco solista Rocanrol (MMG) por el que obtuvo tres premios Graffiti. Acompañado de una banda estelar, viene de compartir escenario con la argentina Liliana Herrero y el pernambucano Lenine y se prepara para su presentación oficial en Argentina.
Todo indica que Edú Pitufo Lombardo está en un muy buen momento y la enumeración condensada de las bondades que su vida ha experimentado parece impactarlo. “Estoy sorprendido, si bien estuve muy conforme con el resultado del disco, no sabía que iba a ser tan bien recibido, son cosas que no estuvieron planteadas en mi cabeza, no me lo esperaba, al menos no tan pronto. Yo disfruto mucho los procesos y me da un poco de temor cuando las cosas empiezan a tomar un cuerpo un poco más amplio, pero estoy disfrutando mucho de lo que estoy haciendo y estoy feliz con lo que está pasando, después se verá cómo sigue”, dice sentado en una mesa de La Giralda (clásica parada murguera), sin saber que dos días después ganaría los tres Premios Graffiti para los que estaba nominado: Mejor Compositor, Mejor álbum Solista de Música Popular y Tema del año.
El futuro llegó, éste heredero de la tradición echó mano a lo que aprendió en el camino y se paró sobre sus propios pies con Rocanrol, un álbum que retoma desde su nombre el concepto musical desarrollado por Roos (uno de sus maestros) que acerca la murga al rock, al tango, a la milonga, a la canción.
25 años después, el pibe que codiciaba callado la pintura y el disfraz, hoy
ve bien de al lado qué hay detrás del antifaz. En ese camino fue conociendo también a los integrantes de la que hoy es su banda, la “Bien de al lado”, un ecléctico y aplanador dream team que incluye a Martín y Nicolás Ibarburu (en batería y guitarras respectivamente), compañeros de ruta de la banda de Jaime junto a Ney Perazza, en guitarra criolla; Mateo Moreno (ex No Te Va a Gustar) en bajo, Pablo Leites en percusión y la tríada murguera de Pablo Pinocho Routín, Marcel Keoroglián y Pedro Takorián en voces y coros. Una formación tan rockera como murguera que alcanza su máximo despliegue en temas como “Rocanrol”, “Bien de al lado” (compuesta para La Gran Muñeca en el 96) o “Eterno Soñador”; y que también da aire para momentos más íntimos, como “El diablo en los carnavales”, una bellísima baguala de exigente y lograda interpretación y “ABC”, una milonga minimalista casi susurrada. “Me gusta toda la música, el tango, la milonga, el pop, el funk, la baguala, que es un género del norte argentino donde lo armónico y lo melódico pasan por un estado que me interesa, me llama la atención”, cuenta Lombardo y sugiere que la música de una canción viene determinada por el contenido y el carácter de lo que se quiere contar.
Hacía al menos 10 años que Pitufo acumulaba ganas de ponerse a trabajar en un disco propio, pero la permanente participación en propuestas de otros músicos, giras, grabaciones, su docencia y la impostergable participación en el carnaval, postergaron el proyecto. El envión llegó en el verano de 2006, cuando no integró ninguna murga, faltó con aviso y se sentó a componer. Un poco en los ómnibus, otro poco en su casa de El Pinar y durante unas vacaciones en La Paloma, fueron surgiendo sus canciones. “Me fueron pasando cosas y fui buscando un lugar donde plantearlas, exponiéndolas un poco más porque las letras son propias, me interesaba también ver qué pasaba conmigo en lo compositivo, cómo me imaginaba musicalmente un disco, la forma estética que surgiría, cosas que estaban en el debe desde hacía mucho tiempo”, detalla. “Ojalá supiera cómo sigue todo esto”, agrega con una sonrisa que mezcla vértigo y emoción, mientras prepara su presentación oficial en Argentina nada menos que en La Trastienda, un escenario que ha servido de plataforma de lanzamiento a artistas uruguayos como Jorge Drexler, Fernando Cabrera y Martín Buscaglia. “Para este año también estoy preparando un ciclo televisivo en el que voy a tocar con toda la banda y músicos invitados, tengo ganas de hacer una sala más grande hacia finales del año y de seguir componiendo, claro”, dice adelantándose a un futuro que seguramente le depara nuevas bondades.


AVALANCHA DE EXITOS

El recorrido por la extensa trayectoria carnavalera de Edú Lombardo empezó desde muy pequeño, cuando su padre lo llevaba a los tablados del barrio La Comercial. A los 9 años se mudó con su familia a Sayago, donde integró la murga infantil El Firulete, que luego se convertiría en Contrafarsa.
En 1984 ingresó a Falta y Resto donde fue platillero hasta el 87 para pasar directamente a los arreglos y la dirección hasta el 89.
Luego volvió a su primer amor, Contrafarsa con la que ganó el concurso y obtuvo además el premio como Mejor Director y Arreglista en 1994.
Al año siguiente se integró a La Gran Muñeca, que obtuvo también el 1º premio en el 96. En 1998 regresó a Contrafarsa para obtener nuevamente los galardones de Mejor Director y Mejor Murga, premio que volvió a conquistar en 2002 obteniendo además la distinción como Máxima Figura del Carnaval.
Dos años más tarde llegó La Matineé, un valiosísimo proyecto que planteó la formación de una murga en la que se cruzaron los nuevos referentes del carnaval con los viejos murguistas. “Me encaminé en la búsqueda de lo que sucedió en el pasado, intenté volver al sonido que escuché cuando tenía 8 años” explica Lombardo, que junto a su compañero de ruta Marcel Keoroglián encabezó la formación y entrenamiento de la murga, proceso que además fue registrado en un documental dirigido por Sebastián Bednarik.
En 2006 Pitufo se acopló a Pablo Pinocho Routín (otro compañero de ruta) para conformar el elenco Murga Madre, un espectáculo teatral dirigido por Fernando Toja que obtuvo un premio Florencio como Mejor Musical de ese año.
En la temporada 2006 Lombardo no participó en ninguna murga para dedicarse por completo a la creación de su 1º disco solista pero apenas terminó, volvió al tablado dándose nuevamente el gusto de trabajar con murgueros de la vieja guardia. Esta vez se trató de Asaltantes con Patente, una agrupación que salió en 1928, se retiró en 1973 y regresó en 2007 bajo la inmejorable batuta de Pitufo, para obtener una vez más el 1º premio del concurso oficial.


LETRA DE LOS FUTUROS MURGUISTAS

Una sombra junto al medio tanque
Sin un mango en el bolso
Con el buzo en los hombros
Bien peinado p'atrás
Estudiando el ensayo
Apurando las brasas
Codiciando callado
La pintura y el disfráz
Relojeando a las pibas
De una noche de enero
Calibrando las copas
De los del mostrador
El futuro murguista
Garronea un cigarro
Mientras tanto le aclaran
No salís si sos menor

Les hablará de su infancia
Cuando llegue el momento
Sin decirlo en palabras
Sin nombrar al dolor
Bastará con su acento
En la noche estrellada
En la cuerda de primos
Con un pueblo alrededor

De dónde vienen
De dónde salen
Los herederos de
La tradición
Escuchen otra voz
De quién será
La murga vive
Nadie la enseña en ningún lugar
Los botijas se la saben
Y después quieren cantar

Iluminando el pasado
Desafiando al futuro
Denunciando el presente
Con un simple ritual
Los futuros murguistas
Van a ver cada noche
A la murga ensayando
El futuro carnaval

Hay tradiciones
Que están más muertas
Que un faraón
Quien baila el Pericón
Quien pide que le den
La comunión
Hay otras vivas
En las esquinas de la ciudad
Los botijas las aprenden
Aunque los quieran parar


*Editado en el suplemento Cultural del diario El País, el 4 de julio de 2008.

ERIK COUTS

La promesa mejor guardada del Río de La Plata







Al contrario de lo que sugiere su nombre, Erik von James Coates Alvarez es un tipo común y corriente. Escribe canciones desde hace más de 20 años, es uruguayo bisnieto de británicos y por cuestiones exclusivamente artísticas optó por el seudónimo fonético Erik Couts “porque nadie lee Coates y pronuncia Couts”, aclara.
Sus canciones salieron del rígido de su máquina para empezar a llegar a los oídos de la gente hace un año, cuando el ciclo Across the Charco lo presentó como “la promesa mejor guardada del Río de La Plata”. Couts, que no es nuevo en esto, perteneció a la llamada generación de El Sótano, integrada por músicos como Jorge Drexler, Andrés Torrón, Walter Bordoni, Gastón Rodríguez y Gaby Posadas entre otros; que encontraron en esta agrupación una forma de hacerle frente a la decadencia y a la ausencia de infraestructura, inversión y público que vivió el Canto Popular a fines de los 80’s. “En esas vueltas conocí a músicos que para mi generación eran grandes referentes, como Rubén Olivera y Eduardo Darnauchans, que además de sus virtudes como músicos eran tipos íntegros, comprometidos y siempre fueron muy generosos con nosotros”, recuerda el por entonces conocido como Erik Coates, un joven de la pos dictadura, con aires de intelectual, ávido espectador de Cinemateca, que renegaba de los cristianos que lo habían educado y se interesaba por ideologías complejas. “Mi familia se desintegraba, yo conocía el amor, el alcohol y la noche de una Montevideo bastante diferente a la actual y, no es que yo fuera conciente, pero de toda esa mezcla salían mis canciones”.
Los miembros del Taller de Músicos El Sótano eran básicamente solistas, pero las bandas no tardaron en llegar y la primera fue Públicas Virtudes, con Andrés Torrón, Juan Campodónico, Nicolás Correa, Roberto De Bellis y Erik. Más tarde, Couts y Campodónico trabajaron juntos en un nuevo repertorio, convocaron a Pepe Canedo y a Alejandro Moya y formaron Mary Poppins.
La banda de rock-pop tuvo la mala suerte de ser contemporánea a la formación de El Peyote Asesino, que la asesinó. Como es sabido, el proyecto en el que participaban Campodónico y Canedo, junto a L Mental (Fernando Santullo), Carlos Casacuberta y Daniel Benia; fue la patada inicial (junto a Plátano Macho) que popularizó géneros que eran rarezas en el Rio de La Plata, como el rap y el hip-hop. “El Peyote despegó y dos de los integrantes de Mary Poppins ya no pudieron seguir, yo no tenía banda, ni ganas de volver a ser solista, ni dinero para grabar, ni idea de cómo se hacía un disco; así que seguí haciendo canciones, que fue lo único que siempre tuve claro que me gustaba hacer”, recuerda Couts.



El regreso

Lo que sigue es más de una década de laboratorio que se parece mucho a un silencio en el que, si bien las canciones no dejaron de llegar, tampoco dejaron las paredes de la habitación de Erik, que se dedicó a dar clases de música y se desempeño en el área de marketing de una empresa de tv paga. Como un tipo común, pero también como un artista bastante peculiar, escuchaba lo que grababa y antes de imaginarse cantando frente al público o ganando premios, se preocupaba por sacar esas canciones de su pc.
Así empezó, hace dos años, el largo camino del regreso. “Andrés (Torrón) había vuelto de USA, escuchó el material y nos pareció bueno trabajar juntos, (Juan) Campodónico nos apoyó siguiendo el proceso de cerca y guiándonos en cuanto a caminos a seguir. Llevamos parte del repertorio al estudio, donde trabajamos con Julio Berta, grabamos 5 canciones más dos remixes de Omar”, detalla Couts. El resultado es el EP Pampero, editado por Bo Tracks (el sello de Campodónico) pero usado, por ahora, sólo para difusión. En paralelo, subió las canciones a myspace.com/erikcouts y la sorpresa no tardó en llegar. El número de visitas fue aumentando hasta alcanzar en cuestión de meses las 10 mil, y cuando la mexicana Ximena Sariñana grabó una versión de “Sintiendo Rara” en Mediocre (2008, producido por Juan Campodónico y Tweety González) que está primero en el ranking de ventas de su país; las visitas ascendieron a más 15 mil.
El círculo empieza a cerrarse, Couts es autor de canciones como “Pampero”, “Que no te imaginás” o “Ramírez”, dueñas de una musa especial, con aires que van desde el germen de Mateo a la calma contemplativa del Drexler de los comienzos, menos clean y con algunos condimentos pop que suelen sugerir potenciales hits.
Sin embargo, Couts asegura no tener nada que ver con un rock star. Carisma, seguridad, atractivo físico y buen vínculo con el éxito son cosas que no cree tener, pero apuesta a no irse al mazo por no ser un potencial celebrity.
“A mi carrera musical hace tiempo que dejé de darle demasiada importancia, muchas veces
-por temas de ego o falta de lucidez- uno invierte el orden de las cosas y ahora es época de hacer existir estas canciones, mi carrera musical en todo caso, será lo que ocurra y no algo que quiera establecer de antemano. Es bueno sacarse a uno mismo del centro de la cosa”, formula certero y agrega: “Los cantautores locales se han mantenido muy austeros en materia de elementos accesorios a lo meramente musical y con esto no quiero decir que no sea una opción válida, Zitarrosa fue para mi el mayor cantor uruguayo y era la sobriedad en persona, lograba una comunicación con el público absolutamente impresionante. A veces, menos es más”. Marca registrada, si las hay, del cantautor uruguayo y él lo sabe. Sabe que las ventajas de ser un tipo común y corriente van por el lado de la autenticidad e intuye que eso puede ser una virtud.

lunes, 21 de abril de 2008

POESIA

una noche de luna llena y de otoño
cuando los días cambian de color, de luz, de olor y de tiempo
queda inaugurado el rincón poético de angeldelaciudad






es la última tarde eterna
son las últimas horas largas
de los días más cortos
la última madrugada
que me rinde a sus pies
es el último paladar de acero
son los últimos poros dilatados
los últimos labios secos
es el último vino sin tiempo
la última evasión
no habrá más penas
todo será olvido
el último

domingo, 27 de enero de 2008

NIÑAS CANTORAS

CAMILLE
MALABARISTA VOCAL



Origen: París, 1978.
Imperdibles: Sus presentaciones en vivo. De su primer disco, el track 3 “La demeure d’un ciel”, el 5 “Mon petit vieux” y el último, “La oú je suis née”
Del segundo, “Asisse” y el increíble
Pour que l'amour me quitte”.
Curiosidad: su cara se parece a la de un perro siberiano.
Sello propio: estado de trance artístico.



La oscuridad del ambiente apenas se interrumpe por la tenue luz del escenario que muestra tres micrófonos y un hilo tirante que lo traviesa de un lado a otro, a un metro y medio de altura del piso. El sonido de la sala se limita a un tono único que es la nota Si, una especie de Om que se mantiene -como ese hilo- a lo largo del show y del disco que presenta. “Le fil” (El Hilo, 2005) es el segundo trabajo de esta francesita de 29 años (Licenciada en Letras y Ciencias Políticas) llamada Camille Delmais, que bien podría haber sido el capricho de una artista, si no fuese porque lleva vendidas más de 300 mil copias en su país.
El disco es una colección de canciones imprevisibles, irreverentes y cautivantes, que parten de los extraordinarios malabares de su voz y de su cuerpo en general, que cobran un brillo especial en vivo, mediante un experto manejo del live looping. El protagonismo de la exploración vocal de Camille en “Le fil” la hizo merecedora de comparaciones con la Björk de Medulla, pero la parisina reivindicó su independencia artística.
Dueña de un arte inclasificable que la lleva a cantar las más conmovedoras canciones de amor o verdaderas catarsis sonoras en las que rompe vajillas enteras; Camille se enamoró del escenario a los 7 años cuando su padre la llevó a ver un recital de Ray Charles y hoy es merecedora de halagos como “una de las protagonistas de la renovación de la chanson francesa”.
Es posible que recuerdes sus voz cantando “1, 2, 3” en un comercial de Promesse, una fragancia de Cacharel. También formó parte del 1º compilado de Nouvelle Vague (2004) y participó en Ratatouille como la voz francesa de Causette, la cocinera que cantaba “Le festin”, tema incluido en la banda sonora de la película. Si todo eso falla, ahí están sus tres discos, más que recomendables: Le Sac de Files (2002) Le Fil (2005) y Live au Trianon (2006). Y atentos al próximo, que se anuncia para marzo de 2008.



EMILIANA TORRINI
1 EN 300.0000







Origen: Islandia, 1977
Imperdibles: “Until the morning”, de la banda sonora de “Lucía y el sexo”.
“Snow”, “Today has been ok” y “Fisherman’s woman”, que le da nombre a un disco disfrutable de comienzo a fin.
Curiosidad: Su interés y capacidad de diferenciarse de Björk.
Sello propio: voz glacial.



Un lugar remoto al norte del oceáno atlántico, entre Europa y Groenlandia. Una isla rodeada de islas y de agua. Un país en el que los volcanes conviven con los glaciares, el sol alumbra algunas noches de verano y brilla por su ausencia algunos días de invierno. Tan particular como Islandia es la música que ahí se hace y Emiliana Torrini (30) no es la excepción a la regla.
Mitad islandesa, mitad italiana, creció entre los escasos 300 mil habitantes de su país (menos de 3 por km2). A los 7 años se unió a un coro como soprano y a los 15 ingresó a una escuela de ópera. Grabó dos álbumes de covers casi desconocidos en su país y se mudó a Londres donde, tras un año de trabajo debutó en las bateas internacionales con “Love in the time of Science” (1999).
La voz cristalizada de Emiliana flotando en un universo pop, con colchones de teclados y el uso de herramientas electrónicas, arrojó una sonoridad evidentemente cercana a la de su compatriota más famosa y la crítica no tardó en hablar de una nueva Björk.
Antes de volver a grabar, Torrini se tomó su tiempo, en los siguientes 6 años compuso “Slow” el éxito de kylie Minogue en su disco “Body Languaje”, colaboró en la banda de sonido de El Señor de los Anillos- Las dos Torres con “Gollum’s Song”, se fue de gira con Thievery Corporation y entonces sí, editó su segundo disco.
En “Fisherman’s Woman” (2005) se despoja de todo lo que la marcó como aspirante a nueva Björk, obteniendo un resultado tan profesional y único que la coloca indudablemente como par de la pequeña gran islandesa. La guitarra y el piano sostienen un disco intimista, acústico y no por eso menos actual, en el que Emiliana Torrini parece haber encontrado su propia voz.



CAT POWER
MUÑECA BRAVA







Origen: Atlanta (USA), 1972
Imperdibles: la viscerales baladas “Good woman” de “You are free” y “Where is my love” de “The Greatest”. También es prometedor “
Speaking for Trees, un DVD en el que canta durante cien minutos en medio de un claro de un bosque acompañada sólo de una guitarra. Es autora de una de las mejores versiones de la banda de sonido de “I’m not there”, el documental sobre Bob Dylan en el que interpreta "Stuck inside of mobile with the Memphis blues again”.
Curiosidad: el movimiento de sus manos cuando habla y cuando canta. Vive de la música y sufre de pánico escénico.
Sello propio: la sobreviviente fragilidad de su voz.



No fue fácil la vida de Cat Power (34) y hacer música ha sido una especie de cable a tierra, por eso su voz parece quebrarse en la próxima estrofa de canciones en las que promete ser buena, siendo mala.
Chan Marshall es su verdadero nombre, dicen que es bisexual e hizo pública su adicción al alcohol y a las drogas, a la vez que le puso la cara a la nueva campaña de Joyas de Chanel.
Nació en Atlanta, Georgia, al sur de Norteamérica, hija de padres divorciados, dejó el colegio a los 16 y a los 20, escapando de la heroína y de la quietud que todas las cosas parecían tener en el Sur, llegó a Nueva York. Un día un amigo le regaló una guitarra y nunca mas dejó de hacer canciones, así grabó sus dos primeros discos, “Dear Sir” (1995) y Myra Lee (1996), ambos de peculiar oscuridad.
El siguiente fue el recocido “What Would the Community Think” (1996) y luego el elogiadísimo “Moon Pix” (1998), algo así como el registro de las profundidades más profundas de Cat, que volvió a escapar, esta vez desde Nueva York rumbo a una granja en Carolina del Norte. Allí vivió sola en una casa vieja, y una noche sin sonidos ni luces, rodeada de grillos y oscuridad, se enfrentó a sus más íntimos demonios y parió este disco. “Si estás en un mal estado mental, a veces ves cosas que no están ahí y enloquecés, entonces encendí todas las luces y me quedé despierta, no podía dormir y empecé a tocar estas canciones”, confesó Cat.
Luego llegó “The Covers Record” (2000), una colección de versiones de Bob Dylan, The Velvet Underground y The Rolling Stones, entre otros. Tras cinco años sin grabar canciones propias, volvió con “You are free” (2003), un verdadero mojón en su carrera, que señala la búsqueda de cierto bienestar, algo así como su disco más luminoso.
Con el lanzamiento de “The Greatest” (2006), The New York Times publicó una entrevista donde Chan develó sin tapujos sus zonas más oscuras. Confesó que sus problemas de alcoholismo empezaron desde que era muy joven, ¿bromea? con que su madre le daba alcohol en la mamadera y dice que dos semanas antes de la edición del disco, una amiga la llevó a una clínica de rehabilitación, donde estuvo una semana y recibió fuertes dosis de litio.
Desde entonces, no más shows interrumpidos por ataques de pánico, no más llantos en vivo, no más letras olvidadas, no más papelones públicos, no más mañanas de whisky y noches de ansiolíticos, no más Miles Davis las 24 hs.
Todo eso parece haber quedado atrás, “The Greatest” es una obra madura en la que se filtró felizmente el sonido de Memphis, ciudad elegida por Cat para grabar un disco en el que se rodeó de veteranos músicos de soul. Cat está de vuelta, sobria y feliz de lograr 7 tragos en 7 meses, dueña de unas canciones que, por suerte, no dejan de ser un poco tristes.



KEREN ANN
MELANCÓLICA CALMA




Origen: Israel, 1974.
Imperdibles: “I’m not going anywhere”, tema que le da nombre a uno de sus mejores discos, “Que n’ aije” el tema que abre “Nolita” y el corte de difusión del último disco “Lay your head down”, gancho suficiente para seguir buscando y encontrando otras cositas en el resto del álbum.
Curiosidad: un par de lunares encabezan la comisura derecha de su boca.

Sello propio: melancólica calma.


“La melancolía está anclada en mi”, dice Keren Ann (33), que se ha pasado la vida viajando y viviendo en distintos países. Hija de padre judío y madre holandesa, nació en Israel, se crió en los Países Bajos y a los 11 años se mudó a Francia.
Uno de sus primeros aciertos profesionales fue asociarse al aristocrático y glamoroso Benjamín Biolay (esposo de Chiara Mastroiani), que coescribió y produjo sus dos primeros discos, “La Biographie de Luka Philipsen” (2000) y “La disparition” (2002).
Luego la dupla se disolvió, Keren se mudó a Nueva York y grabó uno de sus mejores trabajos, “Not going anywhere” (2003), que cautivó al público anglosajón y significó su presentación internacional por estar grabado íntegramente en inglés. Un disco de canciones amigables donde todas las cosas parecen estar oportunamente presentes y en su medida exacta, aparentemente simple y definitivamente hermoso (hubo una edición especial que incluía el cover de “I was made to love magic”, de Nick Drake).
Los laureles cosechados fueron consolidados por el sucesor “Nolita” (2005), grabado entre París y Nueva York, siguiendo los pasos de su inquieta autora.
La simpleza le da paso a lo heterogéneo, “Nolita” es más sofisticado, con sutiles arreglos de cuerdas y vientos que destacan su voz cada vez más aterciopelada y etérea.
Este año editó un disco que lleva su nombre “Keren Ann” (2007) en el que significativamente esta songwriter parece haber encontrado su identidad. Como compositora, se adueña de canciones que van de la oscuridad de “It’s all a lie” a la
luminosidad de “Lay your head down”, el corte de difusión. Como intérprete consolida un delicado registro que se ubica a mitad de camino entre cantar, hablar y suspirar
.

jueves, 29 de noviembre de 2007

RICARDO DARÍN



CON UNA CÁMARA ATRÁS Y OTRA ADELANTE

Actuar pareciera ser una de las funciones vitales que aprendió durante la niñez,
un hábito naturalizado. Ricardo Darín nació hace medio siglo en el seno de una familia vinculada al espectáculo, debutó con sólo diez años en una obra de teatro en la que trabajaban sus padres, dejó la escuela secundaria a medio hacer para dedicarse por completo a la interpretación y nunca dejó de hacerlo.
Actualmente hay dos trabajos suyos en cartel en Montevideo, el impecable
protagónico de XXY (2007) la ópera prima de Lucía Puenzo, y su actuación y debut como director de La Señal.
La señal es una película tan correctamente hecha sobre una historia lo suficientemente débil, como para que la herramienta y el artificio artístico se impongan sobre el argumento. El hecho de haber dirigido por primera vez lo conmueve, pero no lo mueve de su ruta instintiva, improvisada al paso.

¿Es cierto que piloteaste un avión con tu padre a los 7 años? ¿Te acordás lo que sentiste?
-(Risas). Sí, es cierto ¡Cómo no me voy a acordar! Es uno de los recuerdos más fuertes que tengo de toda mi vida.

¿Qué sentiste?
-Una mezcla de emoción, cagazo, alegría, respeto de mi padre hacia mí, no sé, fue una cosa tan fuerte, porque mi papá era instructor de aviación, no estaba loco, era un gran aviador, experto en vuelo a vela (planeadores), dominaba muy bien el arte de volar (risas). Y a veces me llevaba. Una vez estábamos en un avión de aprendizaje, de doble comando, en los que el instructor va adelante y el alumno atrás. En un momento me dijo: “prepárese que ahora va a pilotear usted”. Yo era chico y mi papá era muy grande, entonces yo desde atrás veía sólo su espalda, no veía sus manos, pensé que estaba manejando él y le dije, y me respondió “¿Ah, soy yo?”, y se puso las manos en la nuca. Ahí me di cuenta de que él no estaba al comando de la nave sino yo, que estaba aferrado a mi palanca (risas). Fue una emoción muy grande, una adrenalina muy especial.

¿Volviste a sentir algo similar otra vez?
-Similar a eso muy pocas veces, porque de alguna manera fue una especie de nacimiento

¿Y dirigir por primera vez no es como un nacimiento?
-La verdad que fue un poco más fuerte lo que te conté antes (risas).

El merecimiento parece haber llegado con cierto retraso a la vida profesional de Ricardo Darín que, tras dos décadas de trabajo, evolucionó del prototipo de galán de novelas y comedias televisivas a figura protagónica de algunas de las películas más relevantes del cine argentino contemporáneo.
Haber tomado la posta para terminar la película que empezó el fallecido director argentino Eduardo Mignogna lo puso en boca de la prensa y del ambiente del espectáculo. Éste bien podría ser el momento coronador de una carrera cuya calidad y reconocimiento han ido creciendo en los últimos 15 años. Sin embargo, Darín descree del éxito, no suele poner en práctica miradas retrospectivas y antes que estar atravesando un buen momento, se reconoce como un profesional que ya no está supeditado al éxito o al fracaso.
El gran salto se ubica en el año 2000, con Nueve Reinas, la película de Fabián Bielinsky en la que Darín encarna a Marcos, un carismático estafador que pasa de ladrón callejero a chanta profesional, por el que recibió un Cóndor de Plata al mejor Actor, uno de los numerosos premios cosechados por el film.
Sin embargo, existe un mojón anterior en la carrera de Darín, que fue Perdido por perdido (1993), cuando la crítica especializada destacó su actuación por primera vez. El debut de Alberto Lecchi pasó desapercibido, pero 15 años después el actor encuentra varias particularidades en ese trabajo. “Es posible que a esa película (como a tantas otras) se le deba el reconocimiento de haber aportado su pequeño grano de arena para poder revertir la injusta y repetida actitud que por entonces tenía el 90% del público, que se jactaba de no consumir cine argentino”, concluye.
El interés por todos los aspectos de la producción de una película fue algo que siempre caracterizó sus participaciones, pero el estrecho vínculo que Darín estableció con Lecchi, despertó especialmente ese interés, “hasta ese momento creía que con intentar actuar bien estaba todo hecho, esa fue la primera vez –lo recuerdo con mucha claridad- que empecé a introducirme en la metodología integral de la actuación en cine, que es distinta a todas las demás, muy parcializada y merece un aprendizaje profundo, aunque siempre había tenido una sensación atmosférica bastante fiel a la totalidad, ahí empecé a involucrarme voluntariamente con todo lo que pasa en el rodaje”.

A partir de Perdido por perdido, el reconocimiento a sus trabajos fue in crescendo, empezando por las amigables apariciones en El Faro (1998) de Eduardo Mignogna y El mismo amor la misma lluvia (1999), de Juan José Campanella; pasando por el éxito masivo de Nueve Reinas, un pequeño papel en La Fuga (2001) de Mignogna y El hijo de la novia (2001) de Campanella, que fue nominada al premio Oscar como Mejor película de habla no inglesa.
A Darín le resulta difícil ubicar el click que, sin lugar a dudas estuvo relacionado con la elección de abrirse de la TV al finalizar el contrato de Mi cuñado (1993),
una exitosa serie que protagonizó junto a Luis Brandoni.
El tiempo libre que eso significó lo dedicó a leer guiones y obras de teatro, lo que él llama la parte más calma de su trabajo. “Se fue dando por etapas, por suerte para mi profesión y por desgracia para mi vida personal, trabajo mucho desde hace mucho tiempo y en distintas cosas; el cine quizás es lo que más repercusión tomó y eso sí, se me dio más de grande, en la medida que pude aflojar con la televisión, que es muy exigente en términos de tiempo porque no te deja hacer otras cosas”, confiesa Darín, que desde entonces aprovechó la oportunidad de diversificar su trabajo, demostrar la amplitud de su rango interpretativo, mostrarse diverso, distinto y sorprender; de la mano de un puñado de directores que lo adoptaron como operaprimista y no lo dejaron, como Fabián Bielinsky, Juan José Campanella o Eduardo Mignogna. “Cuando para un actor como yo, sin un plan prefijado ni una ambición por querer llegar a ningún lugar determinado, se abre el juego en una forma serena y relajada, se generan espacios y proyectos distintos, empecé a encontrar un placer especial en el cambio de registro, de pasar de una cosa a la otra, tuve oportunidad de pulir el oficio un poco más y eso es muy estimulante”, explica Darín, que experimentó al máximo eso de diversificar su registro en El Aura (2005), donde interpretó a un taxidermista introvertido, parco y adorable, otra vez bajo la dirección de Bielinsky.

Con ese prontuario Darín llega nada menos que a su debut como director. Un rol que lo tienta desde hace años, pero que tuvo que calzarse casi por obligación o -
como le gusta decir a él- por herencia, cuando la muerte de Eduardo Mignogna en octubre del año pasado dejó huérfana a La señal, la película que el director argentino dirigiría, basada en una novela propia y homónima.

-Antes de recibir la propuesta concreta para dirigir La Señal ¿Venías aproximándote de alguna forma a la idea de dirigir?
Siempre me interesé por todos los aspectos de producción de una película y me lo habían ofrecido antes, pero por distintas razones no acepté, este fue un caso muy concreto y muy particular

-¿A qué respondió la decisión de retocar el guión original?
-Cuando el guión llegó a nuestras manos le faltaba el trabajo de ajuste que suele hacer un director en los últimos dos meses, tuvimos que hacerlo para tener un guión definitivo. Nos pareció que el caso policial merecía más espacio y en la medida que se lo dimos fue desplazando cosas, fue dirigiendo la historia hacia un punto distinto del original, nos pareció que teníamos al alcance de la mano la posibilidad de hacer una película de género, un policial negro, y no lo quisimos dejar pasar porque son de las menos frecuentes en el cine en este momento.

-Dijiste que aprendiste mucho de esta experiencia, pero especialmente hablaste de la post producción y señalaste que a tu edad te hizo cambiar de opinión sobre el trabajo del actor ¿en qué sentido?
Por una cuestión de tiempos del rodaje, los actores normalmente no estamos en contacto con las tomas tantas veces. Pero, en el montaje, tuve la oportunidad de aprender cosas que tienen que ver con la interpretación, a partir de ínfimos detalles, de cambios sutiles, aprendí a distinguir la diferencia que existe entre un gesto conveniente, una mirada, una pausa, una vibración, algo genuino y algo impostado.

¿Cuáles son tus proyectos?
-Mi proyecto es descansar, y para el año que viene trabajaré con Fernando Trueba sobre una novela de Skármeta, El baile de la victoria, un lindo proyecto.

¿Actor?
-Actor, si!






SIMULT CAST


Darín actor en XXYLa ópera prima de Lucía Puenzo (hija de Luis Puenzo, director de La Historia Oficial la única película argentina ganadora de un Oscar), obtuvo el Gran premio de la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes (junto a tres premios más) y es la elegida para representar a Argentina en los Oscar y en los Goya. Grabada íntegramente en Priápolis (que aporta un contexto de particular encanto), XXY cuenta la historia de Alex (Inés Efrón) ¿una/un? adolescente de 15 años hermafrodita, con rasgos de ambos sexos a la vez. Kraken (Ricardo Darín) es el mejor padre que pudiera tener ese ser marcado por un destino tan particular. El vínculo Alex-Kraken se roba los mejores momentos de XXY, una película que, como ópera prima de Lucía Puenzo, invita a seguir sus próximos pasos.


Darín director en La señal
Quizá el mayor mérito de Darín como director de La señal sea haber gestado una película de género, cine negro made in Argentina. Una evocadora historia ambientada en 1952, en plena convalecencia de Eva Perón, época reconstruida notablemente, con herramientas como una fotografía penumbrosa, un tratamiento de descromatización de la imagen que atenúa los colores hasta que rozan el sepia y una banda de sonido a medias entre el tango y el jazz.
Corvalán (Ricardo Darín) es un detective cuarentón de medio pelo, un poco anarquista, soltero pero en vueltas con Perla (Andrea Pietra), la profesora de piano del barrio; socio y amigo de Santana (Diego Peretti). No parece haber mucho más en la vida de Corvalán, su padre internado en un geriátrico, su perro Lobo (con quien vive), el hipódromo y el billar. Una vida monótona, hasta la llegada de Gloria.

*Publicado en revista BLa 007/Noviembre.

lunes, 26 de noviembre de 2007

CIVILIZACIÓN




LA RESURRECCIÓN DE LOS PIOJOS

“Nunca imaginé que en el 2007 estaría escuchando un disco de Los Piojos”, dice mi hermano y tiene razón. La última vez que me entusiasmé con un disco de los pibes de El Palomar fue en 1996, con Tercer Arco, el disco que junto a Chactuchac (1992)y Ay, Ay, Ay (1994)conforman la impecable trilogía inicial de la banda.
Tercer Arco fue la banda de sonido de mis primeros tiempos en Buenos Aires y de los últimos coletazos de mi adolescencia, pero lo cierto es que los pibes (y nosotros) maduraron y eso, paradójicamente en una banda de rock, les sienta muy bien.
En Civilización (2007) la banda que estuvo a punto de confirmar su presencia en la voxpop (finalmente eligieron irse de vacaciones, no trabajar) suena como en sus mejores momentos y Andrés Ciro escribe y compone cosas con las que no es difícil identificarse.
El disco arranca a todo funk con Manjar, acertado puntapié inicial que coloca las cosas en el mejor estado para iniciar el recorrido: sorpresa, desnorteo y la placentera sensación de reconocer viejos guiños.
Conquistador y piojoso, Pacífico condensa el sonido esencial del disco, una mezcla de paisaje bucólico sanador y fiebre urbana interminable en una misma canción.
Civilización es una factura casi vencida pero digna, de un rock que habló de lo que nos pasaba con herramientas modernas y además, nos sacó a bailar. “Ohohoh”, invita el corito con destino de estadio.
Bicho de ciudad es uno de los mejores temas del disco y además de una melodía y unos arreglos riquísimos, tiene una poesía que merece ser transcripta: “¿Qué voy a hacer con tanto cielo para mi?/ Voy a volar, yo soy un bicho de ciudad/ ¿Qué voy a hacer? ¿Cuál es el camino a seguir?/ Voy a soñar con ese beso al regresar/ Cierro los ojos, no imagino algo mejor, respiro hondo y tomo el vino/ Y no te asustes si me río como un loco/ es necesario que a veces sea así/ Será la vida que siempre nos pega un poco/ nos encandila con lo que está por venir/ Bajo un árbol me refugio del calor, en el silencio, escucho el río/ Es perfecto el aire, la cumbre bajo el sol/ de lo que quede de mi, te llevo un poco”.
Pollo viejo trae una interesante atmósfera arrabalera moderna, mucho arreglo de cuerda conviviendo con guitarra rockera, bien rioplatense. La próxima estación es Difícil, algo así como una postal porteña del amor. Basta de penas es cicatrizante y fiestera, otra vez a bailar. Salitral tiene un aire folclórico y a la vez un pulso urbano, una poesía visceral con destino anónimo.
Con Buenos días palomar se despide la banda y dice “algo es extraño, todo está como hace años, como ayer, como hoy”.


domingo, 23 de septiembre de 2007

EL NUEVO DISCO DE ANDRÉS CALAMARO


LA LENGUA POPULAR:
EL SALMÓN VIVITO Y COLEANDO.

Acaban de dar sus primeras vueltas las canciones enteras de La lengua popular, el humeante disco de Andrés Calamaro, una de las obras inmaculadas del 2007 argentino, junto a 39º, de Lisandro Aristimuño (vaya vaya, uno tiene 46 años y otro 28 ¿Qué pasó en el medio?). Digo las canciones enteras porque hace un tiempo que las vengo escuchando cortadas al minuto, que era lo que había en la red hasta hace unos días.
Existe una especie de mito popular que indica que las mejores letras y melodías, son las que chorrean del filo, del extremo, del límite. Calamaro lo probó y lo comprobó (muy especialmente) en El Salmón, una auténtica oda correligionaria de días oscurecidos a persiana baja y noches iluminadas por excesos.
Pero la vida es balanza, blanco y negro, lluvia y arco iris, bajón y subidón. Así que La lengua popular no desmitifica el arte que nace de los extremos, pero hace de la estabilidad o de la madurez, un arte. Calamaro volvió de la muerte, una muerte productiva, sí, pero qué bueno escucharlo vivo, enamorado, sin espinas, haciendo promesas, pidiendo deseos, despotricando pero desde adentro. Qué bueno, Calamaro volvió para quedarse, al menos por un tiempo. Y eso merece, al menos, que destapemos un vino a su salud y lo tomemos escuchando el disco.

1. LOS CHICOS. Violenta apertura trash, la resaca de los días sin final, de las maratones compositivas a persiana baja, traición y nostalgia. Resacas del Salmón, del Calamaro más herido. Cenizas del infierno.

2. CARNAVAL DE BRASIL. Como debe ser, el segundo es uno de los mejores temas del disco. Mezcla un tema fascinante como el de las musas -sobre todo si de las de Calamaro se trata-, con esa impronta liviana del calor de Brasil. Optimista. Bucólica. Hermoso estribillo de efecto barrilete. "No son mujeres ausentes, no son cuchillos en los dientes, no son martes de carnaval de Brasil, las musas no son, canciones urgentes, no son asuntos pendientes, no son martes e carnaval de Brasil, tristeza nao tem fim". Los gritos de la vuelta final no hacen más que parar los pelos y confirmarlo: el Salmón está vivito y coleando.

3. CINCO MINUTOS MÁS (MINIBAR). Tema esencial del disco en lo que respecta a espíritu compositivo y sobre todo al sonido. Es posible que ese ambiente de fiesta familiar o kermés de club barrial sea una de las constantes de La Lengua Popular.

4. SOY TUYO. Una obra casi perfecta, algo así como una versión mejorada de Catalina Bahía (himno erótico de de Pedro y Pablo que Calamaro versionó excelentemente en un bonus track de Alta Suciedad en 1997), menos hot y más tierna, más espiritual. “Me gusta desarmarme arriba tuyo, me gusta demasiado ensuciarte, besar tu flor inmediata, besarte atrás y adelante... desarmarme en el vaivén de tu cintura/ remar sobre tu espalda y naufragarte”.

5. MI GIN TONIC. Posiblemente sea el tema más Rodríguez del disco. Quién sabe a quién se refiere cuando dice: “No me digas que voy a tener que ir a ver a tu grupo del siglo pasado en La Bombonera” ¿A Los Piojos quizá, cuyo líder Andrés Ciro es el ex de Julieta Cardinali, actual mujer de Calamaro y madre de su hija Charo? No importa, el chisme es pisoteado por una de las mejores frases del disco: “hay días para quedarse a mirar, hay días en que hay poco para ver, hay días sospechosamente light, hay un deseo que pido siempre que pasa un tren”.

6. LA ESPUMA DE LAS ORILLAS. ¡Cumbia nena! Y qué bien le queda a Calamaro. Ya lo habíamos degustado en El regreso, con Tuyo Siempre.

7. CADA UNA DE TUS COSAS. Otra de las canciones más lindas del disco. Tiene algo de la bellísima Los aviones (Honestidad Brutal, 1999), con esa nostalgia porteña que él logra musicalizar y nombrar como pocos. Un Calamaro que se agitana un poco, discreto y tímido, pero con resto.

8. COMEDOR PIQUETERO. Calamaro justiciero, politizado, irónico, crítico, corrosivo, indomable.

9. SEXY Y BARRIGÓN. Sandro del 2007. Genial autorretrato de un rocker cuarentón.

10. DE ORGULLO Y DE MIEDO. Es una hermosa canción, si no fuese porque llamarse Andrés Calamaro hoy, no es gratis. Y ésta bien podría ser una canción de Coti Sorkin (coautor de algunos temas con Andrés como Los Aviones y fiel imitador). Los acordeones podrían ser de la Venegas y cerramos el (con)trato. Igual, el original sigue superando la copia.

11. LA MITAD DEL AMOR. Un tema prescindible, si no fuese por algunas frases jugosas como “voy a tomar para olvidar, voy a tomar unas medidas urgentes, voy a tomarme hasta el pelo, mi pelo por favor, con mucho hielo” ó el autobiográfico estribillo “parte de mí no cambió y a la vez, ya no soy el viejo Andrés que no dormía jamás, qué subidón, qué momento ideal, encontré la mitad del amor”.

12. MI COBAIN (SUPERJOINT). Mhhhhh. ¿No está mal que una canción no tenga comentarios, no?

lunes, 10 de septiembre de 2007

CABRERA EN LA ZITARROSA


Méritos y merecimientos

El sábado 8 de Setiembre fue uno de esos días en los que la brisa cálida le da un respiro al frío invierno montevideano y la gente llena las calles, la rambla, los espacios verdes. Uno de esos días que anuncian el verano y todo se vuelve más liviano. Liviana, caminé hasta la Sala Zitarrosa a ver a Fernando Cabrera, ese increíble hombrecito mutante sin edad y sin tiempo, artífice de las canciones más logradas y hermosas que se han hecho en esta ciudad.
Cabrera viene experimentando, desde hace algunos años, una especie de verano que lo viene poniendo más y más liviano, lo suelta, lo deja fluir, deja que le salga todo eso que antes se atrincheraba en su quietud, su inmovilidad, en su inexpresión casi absoluta. Ahora Cabrera habla, sonríe, hace bromas, juega con su voz, canta en inglés, hace cumbias y versiones.
El impecable show se abrió con un ensamble de Morir en la capital (de Pablo Estramín) y una brillante y conmovedorísima versión de El instrumento, de Darno. Así, entretejidas entre canciones de su último disco como Despacio por las piedras, Tierra, Parecía un niño de la calle, Dulzura distante, Palacio y Puerta de los dos, Cabrera fue regalando una serie de relecturas
como Y hoy te ví (de Mateo), o Río de los pájaros, de Aníbal Sampayo, “el verdadero fundador de la canción popular uruguaya”, dijo Cabrera, con aire de justiciero, frente a un público atónito y silencioso.
“Me voy a animar a hacer algo que nunca hice en un escenario, que es cantar en inglés, les aviso por las dudas”, dijo risueño y arremetió con Black Bird, “una canción que está firmada por Lennon y Mc Cartney, pero todo parece indicar que la escribió Paul solo”, agregó, antes de arrancar con una versión desopilante, a puro hilito de voz y esa suerte de desgrano de acordes que arma las canciones como si fuesen otras, inconfundibles, únicas.
“Me contaron que Fito Páez estuvo tocando en Porto Alegre y que hizo un tema mío, con una introducción muy cariñosa, no quiero ser menos que él”, dijo antes de empezar una maravillosa versión de “11 y 6”.
Así pasó, como un soplo, la calculadísima hora y media de show, porque a las 23.30 hs empezaba el segundo. Que Cabrera haga dos shows en un mismo día con entradas agotadas, lejos de ser un dato menor, sugiere una especie de justicia terrenal o divina que llega justo a tiempo, torciendo un poco el destino trágico de los músicos uruguayos talentosos pero desconocidos, o con una vida indigna, o valorados post-mortem, como Mateo y como Darno, dos de los revisitados durante el show.
Levitando a lo Caetano, parado sobre un solo pié como un flamenco, rejuveneciendo con el paso del tiempo, Fernando Cabrera se consolida como un artista medular frente a un público que lo reconoce como tal. Cuestión de méritos y merecimientos.