jueves, 22 de enero de 2009

CEMENTERIO DE LA RECOLETA

CIUDAD DE ANGELES



Al pasar frente al cementerio/ qué envidia me da tanta gente durmiendo/
Mi mente va buscando/como tantos otros el descanso eterno”
*Reincidentes, “Frente al cementerio”.

Caminando por una vereda del microcentro porteño, rumbo al cementerio de La Recoleta, veo cómo un camión que avanza por la calle, estampa su espejo retrovisor externo contra el hombro de un peatón. “¿Qué culpa tengo yo si venís distraída?”, responde el chofer enfurecido ante el reclamo de la mujer que temblaba, pálida todavía tras el sorpresivo y contundente impacto. ¿Desde cuándo los peatones debemos estar atentos a no ser envestidos mientras caminamos por una vereda?, me pregunto y sigo caminando, con una extraña mezcla de impotencia y alerta, dejándome llevar por una ráfaga sonora de Andrés Calamaro con su Honestidad Brutal en “No tan Buenos Aires”: “Vuelvo a tomar aire/ para saludar otra vez a Buenos Aires/ Apocalipsis Now total”.
Adentro del cementerio la atmósfera cambia, la sombra de los árboles sosiega el calor del asfalto a la hora de la siesta. El silencio implacable de la muerte contrasta con el rugido de la ciudad. El de La Recoleta es un cementerio particular, la riqueza arquitectónica y la relevancia histórica de sus 5 hectáreas y media lo han convertido en uno de los paseos turísticos más visitados de Buenos Aires, es uno de los tres camposantos más importantes del mundo (junto al Staglieno de Génova y Père Lachaise de París) y fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1946. Tales galardones se perciben en la multiplicidad de idiomas que se hablan en sus callecitas, en el inconfundible look de los turistas, en la infinidad de cámaras apuntándole a sus placas y esculturas angelicales, o en una pareja de jovencitas darkies (¿o emo quizás?) que deslizan una esquela por debajo de la puerta de una bóveda antiquísima, tomadas de la mano.


CENIZAS ILUSTRES

-Turistas en la tumba de Evita.



En Buenos Aires nos acechan los fantasmas/ del pasado y cada tango es una confesión (…) En Buenos Aires viven muertos, muertos viven/ y no quiero más tanta resignación (…) En Buenos Aires, San Martín y Santa Evita/ montan una agencia de publicidad.”*Joaquín Sabina- Fito Páez, “Buenos Aires”.

En 1580 Juan de Garay fundó Buenos Aires por segunda vez y tres años más tarde hizo entrega de unos terrenos entre los que se encontraba la chacra “Los ombúes”, ubicada en el actual barrio de Recoleta, que por entonces quedaba en las afueras de la ciudad.
En 1716, en esas tierras que tenían por límite la barranca hacia el río y las actuales calles Ayacucho, Azcuénaga y Arenales, se fundó el Convento de los Recoletos Descalzos, que construyeron un monasterio y la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, que fue inaugurada en 1732, es la más antigua de la ciudad y conserva su estilo barroco original, por lo que fue declarada Monumento Histórico Nacional.
En 1822 la orden de los recoletos fue disuelta y los terrenos destinados a la huerta del convento fueron expropiados para la construcción del primer cementerio público de Buenos Aires, que por entonces tenía apenas 25 mil habitantes. El proyecto estuvo a cargo del ingeniero Próspero Catelin, responsable de los planos originales (junto a otras obras como la fachada de la catedral de la capital porteña), fue bautizado primero como Cementerio del Norte y en 1949 adoptó el nombre del barrio que lo aloja, como se lo conoce hasta hoy.
El domingo 17 de noviembre el camposanto recibió su bendición y al día siguiente, los primeros en recibir sepultura fueron una joven de 26 años llamada Dolores Maciel y un niño negro llamado Juan Benito. En “Cuaderno San Martín” (1929) Jorge Luis Borges dedica la segunda parte su poema “Muertes de Buenos Aires” al cementerio de La Recoleta. En el texto el escritor hace referencia a la nacionalidad uruguaya de Dolores Maciel, aunque en el acta de defunción, la joven se inscribe como argentina.
Durante los primeros 60 años las parcelas fueron adquiridas bajo el régimen de perpetuidad por las familias más prestigiosas de la sociedad porteña, conformándose rápidamente un verdadero Panteón de la Patria. Indudablemente, es el cementerio de la aristocracia argentina, allí descansan los restos de las personalidades más importantes del quehacer político, cultural, intelectual y científico del país. Caminar por sus pasillos es como hojear un manual de historia o recorrer un mapa con los nombres de las calles de la ciudad: José Figueroa Alcorta, Juan Bautista Alberdi, Donato Alvarez, Gral. Alvear, Valentín Alsina, Cosme Argerich, Avellaneda, Ignacio Alvarez Thomas, Almirante Brown, Federico Leloir, José Hernandez, Miguel Cané, Victoria y Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Oliverio Girondo, Luis Angel Firpo, Martín Karadagián o María Marta García Belsunce, víctima del famoso asesinato ocurrido en el Carmel Country Club de Pilar en 2003 y aún irresuelto.
En 1850 todavía no había grandes edificaciones en el cementerio, que fue alcanzando un estado de abandono tal que más de una vez rozó la clausura, hasta que en 1881 el intendente de Buenos Aires Torcuato de Alvear impulsó su remodelación. Esta vez el responsable fue el arquitecto Juan A. Buschiazzo, que diseñó el muro perimetral, el pórtico de entrada y pavimentó sus calles, habilitando así las primeras construcciones de relevancia, como la imponente bóveda de la familia Dorrego Ortiz Basualdo, la costosa morada de los Leloir, donde descansan bajo una cúpula trabajada en oro, los restos del premio Nóbel de Química en 1970, Federico Leloir; o la moderna construcción de la familia Herrera Noble (propietarios del Grupo Clarín) bautizada como “Banelco” por su semejanza con un cajero automático.
Un total de 350 mil difuntos moran en La Recoleta y más de 6000 son los sepulcros a perpetuidad, de los cuáles sólo los 80 que fueron declarados Monumento Histórico Nacional tienen asegurado su mantenimiento, el resto queda liberado al cuidado de los propietarios -inexistentes en muchos casos-, por lo que es habitual encontrarse con deterioradas construcciones de aspecto macabro, al borde del abandono y el desmoronamiento.
Junto a múltiples rastros alegóricos a la masonería, el cementerio también alimenta leyendas de misterios y fantasmas. Las esculturas de Salvador María del Carril y su esposa Tiburcia, que se dan la espalda aún después de la muerte. El trágico final de David Alleno, un joven cuidador enamorado del cementerio que se quitó la vida para estrenar el panteón que construyó con el sacrificio de años de trabajo. La bóveda más buscada y visitada es la de Eva Duarte, inconfundible vedette del cementerio. Asesinatos, traiciones, amores prohibidos, batallas y guerras, son sólo algunas de las circunstancias que ofrecen un particular punto de vista de la historia argentina: el del sueño eterno de sus protagonistas.

* Las visitas guiadas son de martes a domingos a las 9, 10, 11, 14, 15 y 16 hs.






IRREGULARIDADES Y NECROTURISMO EN EL CEMENTERIO CENTRAL

Desde el 11 de diciembre de 2008, el Cementerio Central de Montevideo también se alista en el ofrecimiento de visitas guiadas. La iniciativa de la División de Turismo de la IMM está destinada en principio a medios de prensa y operadores turísticos, responsables de juzgar la calidad del inminente atractivo turístico. Si el juicio es positivo los paseos serán gratuitos y de libre acceso a partir de marzo de 2009.
Por otra parte, en la sesión del 18 de diciembre pasado, la Junta Departamental de Montevideo votó una solicitud para que el Tribunal de Cuentas realice una auditoria externa del Servicio Fúnebre y de Necrópolis.
El planteo fue realizado por el Edil Fitzgerald Cantero Piali (de Vamos Uruguay) como respuesta a irregularidades como pérdidas de restos, cremaciones por error, ausencia de actuación ante hurtos notorios. “El intendente no ha podido demostrar cómo se adjudican bienes funerarios a empresas privadas, sin sorteos, ni llamados a interés, ni mucho menos a través de licitaciones. Tampoco se demostró que la empresa Abate cuente con habilitación en sus salas velatorias de la calle Domingo Aramburú y Tomás Basáñez, como le solicitáramos. Queremos que el Tribunal de Cuentas revise también, varias licitaciones referidas al mantenimiento y limpieza de los cementerios, seguridad en el Norte y compra de ataúdes, entre otros suministros. Nada de eso fue aportado por la administración. Soy conciente que la IMM le oculta información al Tribunal, pero estas denuncias son muy graves y será muy difícil, en pro de la transparencia, no brindar la información solicitada", afirmó Cantero.

*El desarrollo de estos temas y el relato de un paseo guiado por el Cementerio Central de Montevideo serán el motivo de la próxima columna.


-Versuión original de la nota publicada en La Diaria del 13 de enero de 2009.



miércoles, 17 de diciembre de 2008

EL CERVANTES

UN HOTEL DE MIL ESTRELLAS




“…hotel que tiene los pasillos mas crecidos cada vez/Una reunión de roncadores, un congreso soñador/ hotel de camas con gemidos y un amor en ascensor”
Fernando Cabrera, Palacio.

Bajando por Soriano, pasando Convención con rumbo a Andes, casi a mitad de cuadra sobre la vereda izquierda, está el estacionamiento que ocupa la planta baja del edificio donde funcionaba hasta hace unos años el Hotel Cervantes.
Al entrar apenas se perciben unas tímidas molduras en el techo y un retazo de monolítico en el piso. Los demás detalles arquitectónicos originales (boleterías, columnas, molduras, aberturas, artefactos, etc) fueron cubiertos con paredes de yeso como medida de protección. A pesar de este gesto inaugural, poco es el cuidado que parece haber recibido lo que queda del edificio.
En el interior del estacionamiento cuesta creer que ahí hubo un teatro, y es que toda la planta baja fue desmantelada, y el 1º nivel y el techo del teatro fueron cubiertos por un cielorraso con luminaria comercial. La pregunta fue inevitable “¿Entonces el resto del teatro está ahí arriba?”
Al fondo del estacionamiento se abrió una puerta de rejas que daba paso a una escalera. El panorama que iba asomando, escalón tras escalón era realmente grandioso y encantador, nada más y nada menos que el espacio aéreo del viejo teatro, a la altura del palco y con el techo original, una obra de arte en sí misma. Una explosión de mampostería con estética renacentista, trabajos en mármol y bronce, vitrales y vistosos artefactos de iluminación. Todo abandonado ahí.



LOS INCONDICIONALES

“En un hotel de mil estrellas/ y con mil recuerdos de única compañía/el mundo está lleno de fantasmas/durmiendo en la calle/cerca de tu casa.”

Andrés Calamaro, En un hotel de mil estrellas.

Construido en 1927, su mentor fue Leopoldo Tosi, uno de los primeros egresados de la Facultad de Arquitectura, autor de otros edificios como el de la Optica Ferrando en Sarandí 675 (donde actualmente funciona la librería Más Puro Verso), la quinta de Claudio Williman en Pocitos, o el teatro Macció de San José. El Cervantes es un ejemplo de la influencia italiana en la arquitectura nacional, con algunos rasgos específicos de los palacios florentinos. Según el portal de arquitectura http://www.techos.com.uy/, se trata de una clásica estructura tripartita y un basamento de dos niveles, el primero de considerable altura, porque en la planta baja se ubicaba el cine-teatro, que funcionó desde 1928 hasta 1962, con capacidad para casi 900 personas. El edificio tiene 4 pisos simétricos unidos por una faja vertical y central de logias que producen un juego de claros y oscuros. Todo se conserva en Soriano 868, cerrado, vacío y abandonado.
Jorge Luis Borges (hab. 101 y 102), Oliverio Girondo, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar (hab. 105), Carlos Gardel (hab. 103), Atahualpa Yupanqui (hab. 103), son sólo algunos de los célebres huéspedes que ha tenido el Cervantes, declarado monumento histórico en febrero de 2002.
Lo que en sus orígenes fue el último grito de la modernidad y el confort, con 100 habitaciones con sus respectivos baños, calefacción central, teléfono con conexión directa a Buenos Aires, patio andaluz en el último piso, salón de fiestas y jardín de invierno; cerró sus puertas a fines de 2006 como hotel de dos estrellas, pensionado de alquiler y hotel de alta rotación. Aún así, en el salón de fiestas del 5º piso todavía se respira algo del lujo de antaño, sus pisos de madera, sus puertas de roble y sus ventanales con vidrios biselados, sus columnas, su escenario, todo habla de un pasado esplendoroso y señorial.
Con ese halo cautivó a personalidades como Jorge Luis Borges, que viajaba habitualmente a Montevideo, una de las mejores ciudades del mundo según él, junto a Buenos Aires y Ginebra. El escritor solía decir que había sido gestado en Uruguay porque sus padres pasaron la luna de miel en Tacuarembó. Alojó algunas escenas de sus cuentos en Paso Molino, uno de sus barrios preferidos,
y su personaje “Funes, el memorioso” era oriundo de Fray Bentos. Escribió poemas como “Luna de enfrente” y “Montevideo”, y como no podía ser de otra manera, era un huésped incondicional del Cervantes. En rotarymontevideo.org, Rubén Loza Aguerrebere cita una entrevista de su autoría. “Me he criado en Buenos Aires, en Palermo y en Montevideo en temporadas largas y en los veranos de aquella época, que duraban como tres meses. Así que quiero mucho a Montevideo y a mis amigos orientales, al hotel Cervantes, donde vivía Emilio Oribe y había un cinematógrafo”, contaba Borges.


INSOMNE EN LA 105

A Petrone le gustó el hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el Vapor de La Carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo. Petrone aceptó una habitación con baño en el segundo piso, que daba directamente a la sala de recepción. Por el tablero de llaves en la portería supo que había poca gente en el hotel; las llaves estaban unidas a unos pesados discos de bronce con el número de habitación, inocente recurso de la gerencia para impedir que los clientes se las echaran al bolsillo.”
Así abre “La Puerta condenada”, el cuento de Julio Cortázar publicado en Final del Juego (1956) y que, según cuenta la leyenda, el escritor argentino creó inspirándose en una noche de insomnio en el hotel Cervantes de Montevideo, más precisamente en la habitación 105.
Sin tanto idilio como Borges, Cortázar era otro enamorado de Montevideo. En 1954 viajó a esta ciudad en calidad de traductor de una conferencia de la UNESCO, visitó el Cerro, donde luego ubicaría a La Maga, uno de los personajes más entrañables de su brillante novela Rayuela y se alojó en el Cervantes, donde ideó “La Puerta Condenada”. "Yo quería que en el cuento quedara la atmósfera del Hotel Cervantes, porque tipificaba un poco muchas cosas de Montevideo para mí. Había el personaje del gerente, la estatua esa que hay en el hall, una réplica de Venus y el clima general del hotel. No sé quién me recomendó ese hotel, donde en efecto había una piecita chiquita. Entre la cama, una mesa y un gran armario que tapaba una puerta condenada, el espacio que quedaba para moverme era el mínimo", confiesa Cortázar citado por Enrique Vila- Matas en www.elpais.com.
Tan codiciado era el Cervantes, que también estuvo a punto de ser el escenario de un cuento de Adolfo Bioy Casares, otro célebre escritor argentino y huésped del glamoroso hotel. El cuento en cuestión es “Un viaje o el Mago Inmortal” y las similitudes con “La Puerta condenada” de Cortázar han dado que hablar.
“Juraría que al chofer del taxi le ordené: «Al hotel Cervantes». Cuántas veces, por la ventana del baño, que da a los fondos, con pena en el alma habré contemplado, a la madrugada, un árbol solitario, un pino, que se levanta en la manzana del hotel. Miren si lo conoceré; pero el terco del conductor me dejó frente al hotel La Alhambra. Le agradecí el error, porque me agradan los cuartos de La Alhambra, amplios, con ese lujo de otro tiempo; diríase que en
ellos puede ocurrir una aventura mágica”, dice Bioy Casares en uno de los “cuentos gemelos”, según detalló Vlady Kociancich en el diario Clarín del 10 de febrero de 1994.
“Sobre Cortázar le voy a contar que estando él en Francia y yo en Buenos Aires escribimos un cuento idéntico. Empezaba la acción en el vapor de la Carrera —como se llamaba entonces— que salía de Buenos Aires a las 10 de la noche y llegaba a la mañana siguiente a Montevideo. El protagonista iba al hotel Cervantes, que casi nadie conoce. Y así, paso a paso, todo era similar, lo que nos alegró a los dos”, contó Bioy en una entrevista con Daniel Olivera publicada en la revista Noticias en noviembre del 94. Por su parte Cortázar fue más lejos y opinó que en la coincidencia había un mensaje indescifrable, una tercera voluntad. Lo cierto es que basta con leer ambos cuentos para comprobar las coincidencias y alimentar la leyenda.


VIDAS PARALELAS

En sucesivos intentos por recuperar algo del prestigio perdido, el Cervantes
fue escenario de propuestas como la premiada “Cenizas del corazón”, obra de Mariana Percovich sobre Carlos Gardel que obtuvo el Premio de Dramaturgia No Convencional en Espacios No Convencionales del Ministerio de Educación y Cultura en 1999.
En julio de 2001, el salón de fiestas del 5º piso fue inaugurado formalmente como Espacio Cervantes con obras como Los Magníficos de Daniel Hendler y “Biliti” de los Bosquimanos Koryak. En 2003 se montó una propuesta para swingers que consistía en una fiesta con música, servicio de barra y hasta baile de sombras, que ofrecía además la bizarra posibilidad de terminar todo en una habitación del hotel, todo a un costo de $250 por pareja.
Alimentando el misterio, en diciembre de ese año el Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal celebró su VI Gran Asamblea.
En lo que fue una de sus últimas señales de vida, un emprendimiento para el desarrollo de la danza contemporánea a cargo de Carolina Besuievsky bautizado “La pista”, también tuvo su sede en el quinto piso del Cervantes en 2005.
En agosto de 2006, el hotel pasó de ser propiedad de Lefinco S.A a Muzery S.A, integrada por miembros de nacionalidad argentina. En el entorno de la transacción, el hotel quedó prácticamente desmantelado de mobiliario, artefactos y todo tipo de detalles decorativos, conservándose únicamente la estructura edilicia, bastante deteriorada. Ser parte del Patrimonio Histórico no parece haber protegido al edificio, que no se abre al público el Día del Patrimonio y cuya fachada ha sido pintada hace un año. Según declara Sergio Koundahdjian en representación de los propietarios actuales, el futuro del Cervantes se debate entre ser conservado por los argentinos o vendido a inversores alemanes, ambos con el objetivo de reciclarlo y reabrir sus puertas como hotel o como oficinas de alquiler.


*Gracias a Pablo Meluso.
Publicado en La Diaria, el 16/12/08

jueves, 27 de noviembre de 2008


hubo un tiempo del que huimos
cuándo fue?
algunos escapamos hacia delante
emprendimos la búsqueda desesperada
de lo que vendría después
otros volvieron la mirada
porque lo mejor había pasado
y entre recuerdos
y presagios
ciegos de presente
seguimos escapando


escuché tanto esas canciones que
me adueñé
quise que alguna estuviera hecha
para mí
imaginé tanto esas rutas que
viajé
quise que una luna de esas
fuese nuestra
sentí tanto aquella distancia
que la tomé
quedaba todo tan cerca
que me alejé

miércoles, 26 de noviembre de 2008

LA TORRE DE LOS PANORAMAS



"Vine a verte, aparecida, luz del mirador/ música de las mareas, dame tu canción
*Jorge Drexler- La Aparecida

Banda de sonido de una caminata por la rambla, rumbo a la Ciudad Vieja. El destino final es La Torre de los Panoramas, el altillo de la casa donde el escritor Julio Herrera y Reissig apadrinaba, en los comienzos del Siglo XX, famosas tertulias vanguardistas asociadas a un naciente modernismo literario.
Antes de llegar al Templo Inglés, subiendo por la Plaza España, en el cruce de Ituzaingó y Reconquista sobrevive la antiquísima construcción de aspecto colonial. Según http://www.mec.gub.uy/, no existe documentación que establezca la antigüedad del edificio, aunque sus características arquitectónicas sugieren que data de la segunda mitad del Siglo XIX.
La casa fue declarada Monumento Histórico Nacional pero su estructura, lejos de reflejar el cuidado que merece, muestra evidentes signos de deterioro.
Allí funciona la Academia Nacional de Letras desde 1997 hasta la actualidad
y a pesar de que sus empleados no tienen novedades sobre una futura obra, la misma página del MEC sostiene que “están muy adelantados los trámites para restaurar la sede de la Academia”. El site informa que el proyecto arquitectónico está a cargo de la División Arquitectura del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, y la financiación a cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.
La esquina sobrevive junto a otras, todas en forma de proas, curiosamente determinadas por la presencia de Brecha, una diagonal que se abre camino hacia el centro en ese mismo punto del bajo montevideano. Algunos vecinos sostienen que el nombre de la calle hace referencia a la brecha que abrieron los ingleses en ese lugar, ante la frustración del primer intento de invasión. Una vez ahí, acceder a la famosa Torre es tan sencillo como tocar el portero y esperar que la amable secretaria abra, reciba y guíe escaleras arriba.





Subo el alma a la azotea, para que esté libre y pueda jugar, la ropa de la vecina, cuelga y mira para acá
*Fernando Cabrera- La Azotea

Físicamente, la Torre de los Panoramas es una piecita bastante más pequeña y solitaria que lo sugerido por su nombre, pero el tentador ejercicio de volver al pasado puede resultar sorprendente y conmovedor. El mismo lugar en 1900, con el Pampero entrándole sin obstáculos, unas pocas lucecitas desparramadas, casas, estrellas y más allá el faro de Punta Carretas. El resto, horizonte despejado y ese austero retazo del patchwork montevideano donde Julio Herrera y Reissig y sus secuaces - tipos de galera, pañuelo y bastón- se reunían alrededor de la literatura, los inminentes ideales modernistas y el opio.
Superando los límites de la casa, el panorama resultaba igualmente cautivante. En el comienzo del Siglo XX, las callecitas del bajo proveían de excesos y placeres mundanos, tejiendo un laberinto oscuro y salvaje donde las prostitutas, los homosexuales, el juego clandestino, los puñales y todo lo prohibido por la ley era cosa cotidiana. “Los hombres hablaban de ese lugar en voz baja y las mujeres daban vuelta la cara para el otro lado cuando los tranvías recorrían aquellas calles angostas y sucias que olían a toda clase de frituras”, dice el suplemento “Entrevistas de Di Candia” del diario El País.
A partir de 1850, las azoteas y miradores fueron imprimiendo un aspecto particular en la arquitectura urbana de Montevideo. “El comerciante que está interesado en los negocios marítimos tiene su mirador, algo parecido a una torre de observación, donde con su largavista observa el distante horizonte hacia el este, ansioso por la seguridad o el esperado arribo de algún velero”, recuerda Anibal Barrios Pintos en el libro "La Ciudad Vieja (2) - Los Barrios de Montevideo". Si bien la Torre de los Panoramas era una de esas azoteas, cabe destacar una particularidad de su fisonomía: a la vez que ofrecía un inmejorable punto de vista, permanecía casi oculta para quien mirara desde la calle, lo que aseguraba una reserva invalorable para la época.
En 1940, en la casa funcionó un hotel alojamiento, el valor de la habitación era de un peso pero había una pieza “para obreros” a la que se llegaba por una escalera, que valía la mitad y que todo indicaría que se trataba nada menos que de la Torre.
El panorama que ofrece el mirador en la actualidad, en parte se mantiene y en parte, naturalmente, ha cambiado. Hacia el Oeste en lugar del puerto y el Cerro de ven medianeras de edificios, luego la majestuosa estampa del Templo Inglés de espaldas, con su cruz rayando la línea del horizonte. Al Sur el río en su máxima expresión, a veces marrón, otras verdoso o gris azulado. Luego, hacia el Este la Compañía del Gas y casi toda la costa hasta el Faro de Punta Carretas. Al Norte la ciudad.
En materia edilicia, la casa se mantiene en estado casi original, con sus paredes agrietadas, sus crujientes aberturas de madera, sus largos balcones y azoteas con barandas de hierro forjado, los patios con claraboyas y los techos a la porteña (de ladrillos con tirantes); todo continúa allí desde hace más de un siglo.








El uso indebido y el tráfico ilícito de drogas es un lado oscuro de la realidad que queremos y debemos transformar. Este lado oscuro no es nuevo, y tampoco es cosa de pobres y de vagos. Basta tener presente aquella fotografía de Julio Herrera y Reissig, miembro de una familia patricia y uno de los exponentes más destacados de la literatura uruguaya, inyectándose morfina en su Torre de los Panoramas; para constatar lo que acabamos de decir. Y él no fue el primero ni ha sido el único, y lamentablemente no será el último.” Las palabras pertenecen al discurso que el Presidente Tabaré Vázquez pronunció el martes 27 de junio de 2006, en el marco del Día del Compromiso con el Problema Drogas. Vázquez hace referencia a una foto publicada en la revista porteña Caras y Caretas en 1907, en la que el hijo del Dr. Manuel Herrera y Obes y sobrino del ministro y presidente de la República Dr. Julio Herrera y Obes, se está dando una inyección de morfina. Julio sufría una cardiopatía congénita que lo obligaba a usar distintas drogas para apalear los síntomas, por eso hay quienes dicen que la foto no refleja una adicción, sino un típico gesto de dandismo con el objetivo de fomentar su leyenda maldita. Sin embargo, un suplemento del diario español El Mundo, publicado el 3 de febrero de 2002, cita a Rubén Darío recordando el discurso de su admirado amigo y colega uruguayo. "No soy un vicioso. Cuando tengo que escribir algún poema en el que necesito volcar todo mi ser, todo mi espíritu, toda mi alma, fumo opio, bebo éter y me doy inyecciones de morfina. Pero eso lo hago cuando tengo que trabajar. Los paraísos artificiales son para mí un oasis", decía Reissig.
Muchas son las versiones sobre las prácticas sucedidas en el oscuro altillo de
dos metros y medio de lado, entre las que se cuentan la esgrima y el espiritismo. Lo cierto es que La Torre de los Panoramas fue un verdadero caldo de cultivo de la literatura uruguayo de aquellos tiempos, junto al Consistorio del Gay Saber, un cenáculo similar que Horacio Quiroga fundó en un cuarto que alquilaba en la calle 25 de Mayo.
La Torre se fundó a principios de 1903, con sus dos ventanas (una al Oeste y otra al Sur), una mesa, algunas pocas sillas, un bonete turco y dos floretes viejos como único mobiliario. El despojo no era tal en las paredes, con provocadoras frases y declaraciones del dueño de casa, como “Prohibida la entrada a los uruguayos”, “Perded toda esperanza los que entrais” o “No hay manicomio para tanta locura”.
Por la Torre pasaron muchos de los jóvenes escritores de la época, como Florencio Sánchez, Roberto de las Carreras, César Miranda, Raúl Lerena Joanicó, Illa Moreno, Francisco Aratta, Pablo Minelli González entre muchos otros. El producto de lo que allí sucedía fue una escritura revolucionaria, provocadora, un verdadero contra discurso que atrajo muchos enemigos y algunos pocos amigos que supieron entenderlo y valorarlo a tiempo.
En 1936, Pablo Neruda editó en la revista madrileña Caballo Verde un homenaje al escritor uruguayo, considerado un liberador de la lengua, creador de ritmos, verbos y fulgores magnéticos. "Si Rubén Darío es el rey indudable de la marmolería modernista, Julio del Uruguay arde en el fuego subterráneo y submarino, y su locura verbal no tiene parangón en nuestro idioma", dijo Neruda. A sus enemigos, Reissig les contestaba: “En el verso culto, las palabras tienen dos almas: una de armonía y otra ideológica. De su combinación que ondula un ritmo doble, fluye un residuo emocional: vaho extraño del sonido, eco último de la mente, cauda rareiforme y estela fosfórica, peri esprit de la literatura, equis del temperamento y del estado psíquico, que cada cual resuelve a su modo y que muchos ni perciben".





*Publicado en La Diaria el martes 25 de noviembre de 2008.

sábado, 22 de noviembre de 2008

UNO, DOS, TRES... PROBANDO

Primeras pruebas con la cámara y un programita de edición. Fábrica de clips...

http://es.youtube.com/watch?v=feTysd3dwgI

viernes, 14 de noviembre de 2008

PANORAMAS

"Vine a verte, aparecida, luz del mirador/ música de las mareas, dame tu canción..."

Banda de sonido y fotos de la caminata de hoy, rumbo a la Ciudad Vieja, con La Torre de los Panoramas como destino final.
Hace tiempo que leo cosas del lugar, de Reissig, de los modernistas, los dandys, las putas, las puñaladas y los excesos que habitaron esas calles del Bajo hace más de un siglo atrás.
Ya colgaré acá la nota cuando se publique. Mientras, vayan mirando las fotos de esta historia increíble. Imagino a esos tipos de galera, bastón y pañuelo, cambiando las leyes del juego (en materia de literatura pero también de modelos socio-culturales) en ese austero retazo del patchwork montevideano de 1900 y emprendo la caminata.
Toco timbre. Me abren. Subo. Volver al pasado.
Ese mirador en 1900. Con el Pampero entrándole sin obstáculos. La ausencia de luces. El horizonte despejado. Estrellas fugaces y Reissig fumando opio ahí adentro. De sólo imaginarlo se me paran los pelos.
Disfruten del paseo.
Continuará





















jueves, 30 de octubre de 2008



"La gente tiene miedo de sentir que sirve para algo"
Carlos Regazzoni

viernes, 24 de octubre de 2008

POSTALES MONTEVIDEANAS


Soledad-





Se va-




Con vista al mar-





Cotidiano-





Picadito-